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	<title>Expedientes - Archivero</title>
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	<description>Archivero es un proyecto que desclasifica expedientes gubernamentales y los convierte en investigaciones periodísticas multiplataformas</description>
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	<title>Expedientes - Archivero</title>
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		<title>El olvidado crimen de ‘El Indio’ Fernandez: mató a un campesino, se tomó dos copas y huyó a Guatemala</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dardo Neubauer]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Aug 2025 18:42:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desclasificados]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La imagen inicial de la película es todo lo que le gustaba: a plano medio aparece el viejo casco de una hacienda rodeada de calles tan pedregosas, que casi se siente el sabor de terrón en la boca. Un hombre vestido de charro da la espalda, camina y se aleja, y en letras naranjas aparece el nombre de la estrella: el director y actor Emilio Fernández Romo, mejor conocido en la cinematografía como El Indio. La película se llama México Norte y se estrenó en el año 1979. En los créditos aparecen los nombres de Patricia Reyes Spíndola y Roberto [&#8230;]</p>
La entrada <a href="https://archiveroexpedientes.com/el-olvidado-crimen-de-el-indio-fernandez-mato-a-un-campesino-se-tomo-dos-copas-y-huyo-a-guatemala/">El olvidado crimen de ‘El Indio’ Fernandez: mató a un campesino, se tomó dos copas y huyó a Guatemala</a> se publicó primero en <a href="https://archiveroexpedientes.com">Archivero</a>.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La imagen inicial de la película es todo lo que le gustaba: a plano medio aparece el viejo casco de una hacienda rodeada de calles tan pedregosas, que casi se siente el sabor de terrón en la boca. Un hombre vestido de charro da la espalda, camina y se aleja, y en letras naranjas aparece el nombre de la estrella: el director y actor Emilio Fernández Romo, mejor conocido en la cinematografía como El Indio.</p>
<p>La película se llama México Norte y se estrenó en el año 1979. En los créditos aparecen los nombres de Patricia Reyes Spíndola y Roberto Cañedo, dos superestrellas del cine mexicano. La entrada es poderosa: el charro, interpretado por Cañedo, le lanza un balazo a un ranchero. Más tarde sabremos en la historia que se trata del hijo del cacique local, quien violó a su novia.</p>
<p>Es un remake de otro éxito suyo, por el que se ganó el pase directo al lado de los grandes directores del cine: Pueblerina (1946), un escándalo mediático por la exaltación de la ruralidad y su visión crítica del poder caciquil.</p>
<div id="attachment_3411" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/cine-extra-the-oklahoma-cyclone.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3411" class="size-full wp-image-3411" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/cine-extra-the-oklahoma-cyclone.jpg" alt="" width="618" height="499" /></a><p id="caption-attachment-3411" class="wp-caption-text">Su primer trabajo en cine fue como extra en The Oklahoma Cyclone, un western realizado por John P. McCarthy | Especial</p></div>
<p>Estos planos abiertos en los que se alcanza a ver la sierra fueron filmados en Álamos, Sonora, el pueblo mágico donde nació mi abuela Carmen y de donde también es la diva del cine mexicano, María Félix. Me cuentan mis primas de allá, que algunos abuelos de Álamos aún recuerdan a Reyes Spíndola con un vestido blanco de encaje y unas arracadas plateadas, corriendo por las calles del pueblo, y de cómo el propio Indio Fernández hizo un casting para incluirlos de extras.</p>
<p>Pero Álamos no fue la primera opción que tuvo: el lugar que había enamorado realmente al actor y director de cine fue Viesca, un pueblo mágico a 70 kilómetros de Torreón, Coahuila, rodeado por la Dunas de Bilbao, un espectáculo natural bien al norte de México.</p>
<p>Pero tres años antes del estreno, cuando El Indio buscaba localizaciones para el rodaje –casi como recreando el guion– asesinaría a un campesino llamado Javier Aldecoa Robles. Un expediente de la policía de espionaje de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) cuenta la razón: todo ocurrió porque intentó defender a un grupo de gitanos que le habían ofrecido una taza de café turco.</p>
<p>Esta es una colaboración de ARCHIVERO para DOMINGA, que reconstruye este caso gracias a expedientes olvidados entre cajones y viejas oficinas públicas. Historias como ésta revelan que en México la verdad oficial siempre está en obra negra.</p>
<p><strong>Emilio ‘El Indio’ Fernández era un hombre de armas tomar</strong></p>
<p>El Indio Fernández sí que sabía disparar: nacido a inicios del siglo XX en Coahuila, cuentan sus biógrafos que desde muy joven se unió al movimiento revolucionario, en el cual logró llegar al grado de capitán primero de caballería. Sería por esta lucha armada que unos años después escaparía del país y terminaría viviendo en Estados Unidos.</p>
<div id="attachment_3416" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/hombre-hijo-coronel-revolucionario-rodrigo.jpg" data-rel="lightbox-image-1" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3416" class="size-full wp-image-3416" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/hombre-hijo-coronel-revolucionario-rodrigo.jpg" alt="" width="618" height="786" /></a><p id="caption-attachment-3416" class="wp-caption-text">El hombre fue hijo de un coronel revolucionario | Rodrigo Montoya</p></div>
<p>Según el Festival Internacional de Cine de Morelia, sería en la década de 1930 cuando su amiga, la actriz Dolores del Río, lo presentó con el director de arte de la Metro Goldwyn Mayer, Cedric Gibbons. Por ese entonces supervisaba el diseño de la estatuilla del premio Oscar y buscaba un modelo. Esta historia nunca ha sido confirmada pero en el imaginario de los mexicanos es El Indio Fernández desnudo.</p>
<p>Poco después, Emilio Fernández regresó a México donde trabajó en distintos oficios como panadero, maestro de tiro y dicen que hasta clavadista en Acapulco, Guerrero. Hasta que le llegó la oportunidad de su vida: protagonizar Janitzio (1935). El Indio Fernández debutó como director con la película La isla de la pasión (1942), protagonizada por David Silva e Isabela Corona. De ahí se vendrían éxitos como Pueblerina y Salón México (1948), entre otros superéxitos del cine mexicano.</p>
<p>Sin embargo, detrás de la genialidad había un energúmeno: múltiples artistas aseguraban que era un hombre violento. Alguna vez Chavela Vargas dijo que era un hombre “detestable” y “maltratador”, dijo que en su casa de Coyoacán agarró una pistola y disparó desde la ventana a un grupo de patos, que cuando le gritó por qué había matado a los animalitos le respondió que “por putos”. Después le apuntó a ella.</p>
<p><strong>El ‘scouting’ de locaciones para ‘México Norte’ que terminó en asesinato</strong></p>
<p>Un informe de la DFS, la policía de espionaje del estado mexicano, cuenta detalles en un viejo expediente que levantaron los agentes como parte de la investigación del ‘scouting’ que terminó en asesinato.</p>
<div id="attachment_3415" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/emilio-indio-fernandez-actor-director.jpg" data-rel="lightbox-image-2" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3415" class="size-full wp-image-3415" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/emilio-indio-fernandez-actor-director.jpg" alt="" width="618" height="927" /></a><p id="caption-attachment-3415" class="wp-caption-text">Emilio &#8216;El Indio&#8217; Fernández fue un actor, director y productor mexicano con una prolífica carrera | Especial</p></div>
<p>El expediente, que con el paso del tiempo se ha puesto color amarillo, revela que todo empezó a las 11 de la mañana del 30 de mayo de 1976, cuando El Indio Fernández llegó a Viesca acompañado de su amigo, el prestigioso doctor Luis Maeda. Según los testimonios de los pobladores, se bajaron de una furgoneta estilo cámper último modelo. Iba acompañado de otras dos personas del equipo con las que hacían las búsquedas de locaciones para las películas.</p>
<p>Lo primero que hizo la estrella de cine fue tomar fotografías de las fachadas de la parroquia de Santiago Apóstol y otras capillas de Viesca. Dicen que, desde el principio, se corrió la voz de que estaban tomando fotografías para ver qué locaciones le funcionaban para su próxima película.</p>
<p>Todo transcurría con tranquilidad hasta que, a las dos de la tarde, un grupo de “gitanos” reconoció al artista y se acercaron. Lo invitaron a que visitara el campamento donde vivían en el Ejido Venustiano Carranza, donde estaba la antigua Hacienda de Hornos que fungió como fábrica de locomotoras y tranvías. Los gitanos querían invitarlo a tomarse una taza de café turco.</p>
<p>Según la policía de espionaje el artista aceptó la invitación del grupo de gitanos, pero llegaría más tarde. El Indio Fernández volvió a la sesión de fotos, no sin antes: “Se pudo saber igualmente que debido al fuerte calor ingirió algunas copas”.</p>
<p>A las seis de la tarde, junto con el doctor Maeda y su equipo de producción se subió a su cámper y aceleraron con destino a la exhacienda, una bellísima propiedad que había sido de los jesuitas. Llegaría a las 6:25 p.m., donde los gitanos lo recibieron emocionadísimos: no se esperaron que su artista llegara hasta allá a tomarse un café. Dicen que Emilio Fernández quería aprovechar para solicitar permiso a un juez auxiliar, Gabriel López, para sacar unas fotografías de otras construcciones coloniales.</p>
<div id="attachment_3412" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/complicaciones-clavicula-derivadas-fractura-fallecio.jpg" data-rel="lightbox-image-3" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3412" class="size-full wp-image-3412" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/complicaciones-clavicula-derivadas-fractura-fallecio.jpg" alt="" width="618" height="904" /></a><p id="caption-attachment-3412" class="wp-caption-text">Luego de varias complicaciones en la clavícula derivadas de una fractura, falleció el 6 de agosto de 1986 | Milenio</p></div>
<p>Sin embargo, cuenta la DFS, unos cinco minutos después –cuando aún se estaba acomodando para tomarse ese café– al lado del campamento llegó un autobús que había venido recolectando pasajeros de otros ejidos vecinos. De ahí se bajaría Javier Aldecoa Robles, un campesino de 26 años acompañado de un pariente, Francisco Marín Aldecoa. Según testigos, Javier se bajó borracho y de inmediato empezó a gritarle a los gitanos con groserías que se largaran del pueblo, les gritó que eran delincuentes y se tenían que ir. Rápidamente, para mediar, uno de los acompañantes del Indio intentó ponerse entre un gitano y el campesino, quien quería irse a los golpes.</p>
<p>Como el escándalo no paraba, El Indio Fernández desenfundó una pistola y lanzó lo que creyeron era un tiro al aire. Pero no fue así: el actor realmente le lanzó dos tiros con una pistola calibre .45 directo al pecho, cayendo herido sobre la tierra pedregosa. Un autobús se lo llevó para intentar trasladarlo al Seguro Social en la capital del estado. Pero Javier Aldecoa Robles murió en el camino.</p>
<p>Según el expediente de la policía de espionaje, el Indio Fernández se subió a su cámper y pasadas las siete de la noche llegó al Hotel Río Nazas, en Torreón, donde se hospedaba. Según el personal, ordenó que le bajaran su equipaje del cuarto mientras él esperaba en el bar. “Pasó al bar del hotel donde en forma tranquila se tomó dos copas…”</p>
<p>A las ocho de la noche, El Indio liquidó su estancia en la recepción y se marchó con rumbo desconocido. Una fuga como en las películas.</p>
<div id="attachment_3413" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/convertirse-estrella-hombre-hollywood-extra.jpeg" data-rel="lightbox-image-4" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3413" class="size-full wp-image-3413" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/convertirse-estrella-hombre-hollywood-extra.jpeg" alt="" width="618" height="412" /></a><p id="caption-attachment-3413" class="wp-caption-text">Antes de convertirse en estrella, el hombre trabajó en Hollywood como extra o bailarín entre 1925 y 1934 | Especial</p></div>
<p><strong>La huida de ‘El Indio’ Fernández y la sentencia pública</strong></p>
<p>De Javier Aldecoa Robles no se sabe nada. Parece que a la prensa y a la policía de la época lo único que importó fue que el asesino, Emilio El Indio Fernández, era una celebridad. Apenas la DFS consignó que el cadáver fue entregado a sus familiares, quienes vivían en el Ejido Venustiano Carranza, donde el ministerio público Francisco J. Salas dio fe y puede leerse en documentos oficiales.</p>
<p>Durante las primeras horas la Policía Judicial del Estado buscó por todo el estado al famosísimo director de cine y dejaron asentado en un informe que la primera pista era que una familia de apellido Guerrero lo escondía en su casa en Torreón, a la espera de que un vuelo privado lo recogiera. “Ya está en vigilancia el aeropuerto internacional”, consignarían unas horas después.</p>
<p>Según una nota del diario El País, Emilio Fernández escapó hasta Guatemala. Sin embargo, el 4 de junio de 1976, fue identificado por la policía. Dicen que el Indio pidió a la embajada que lo enviara de regreso a enfrentar los cargos por asesinato. “Tengo una responsabilidad como hombre y como artista”, habría dicho a Federico Barreda Fuentes, embajador de México en ese país.</p>
<div id="attachment_3417" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/juez-torreon-decreto-prision-formal.jpg" data-rel="lightbox-image-5" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3417" class="size-full wp-image-3417" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/juez-torreon-decreto-prision-formal.jpg" alt="" width="618" height="349" /></a><p id="caption-attachment-3417" class="wp-caption-text">Un juez en Torreón decretó la prisión formal del actor y director Emilio &#8216;Indio&#8217; Fernández, sin derecho a fianza | Milenio</p></div>
<p>Sería el mismo actor y director de cine quien contaría que primero escapó de Torreón con destino a la Ciudad de México, después viajó hasta Bacalar, en la península de Yucatán, donde tenía una casita a la orilla de una laguna. De ahí tomó una avioneta rumbo a Belice, luego a El Salvador y finalmente a Guatemala.</p>
<p>El día que fue detenido dijo a la prensa guatemalteca que había escapado simplemente por “un instinto de libertad” y porque el pueblo donde ocurrió todo era muy pequeño y nadie le garantizaba su protección. “Me declaro desgraciado de un momento de ofuscación”, declaró a El Universal, en un viejo recorte que resguarda la Hemeroteca Lerdo de Tejada, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.</p>
<p>Otro informe de la DFS también revela que finalmente, unas horas después, sería enviado en un vuelo de Mexicana de Aviación con destino a México. A las 11 de la noche del 5 de junio de 1976 llegaría al Aeropuerto Internacional Benito Juárez acompañado del embajador Barreda Fuentes. Los propios informes revelan que actuaron siempre con favoritismo: “El lic. Barrera manifestó que Emilio Fernández venía bajo su custodia y que no existía ninguna razón para que los agentes subieran al avión a detenerlo, ya que él lo iba entregar a las autoridades correspondientes”.</p>
<p>El Indio Fernández fue recluido en la cárcel municipal de Torreón y condenado a pasar cuatro años por el asesinato, sin embargo en diciembre de 1976 obtendría su libertad bajo fianza luego de entregar supuestamente 4 mil 500 dólares a la familia del campesino Javier Aldecoa Robles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Paolo Sánchez Castañeda colaboró en la búsqueda de este archivo.</em></p>
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		<title>El caso Mario Ruiz Massieu: el miedo al zapatismo que terminó con la familia más poderosa del PRI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dardo Neubauer]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Aug 2025 18:33:41 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; Mario Ruiz Massieu recibió la primera parte del dinero en enero de 1994, en la casa de su hermano José Francisco. Lo llevó hasta una de las habitaciones y, sin rodeos, le señaló unas maletas de viaje, se agachó y abrió una de ellas: empezó a sacar fajos de billetes sujetados por una liga de plástico. José Francisco le dijo que ya era hora, había que llevarlas a Estados Unidos. Aunque apenas alcanzó a ver el interior de las maletas, no se le ocurrió ni siquiera contar el dinero. “El grado de confianza era tan fuerte, que no era [&#8230;]</p>
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<p>Mario Ruiz Massieu recibió la primera parte del dinero en enero de 1994, en la casa de su hermano José Francisco. Lo llevó hasta una de las habitaciones y, sin rodeos, le señaló unas maletas de viaje, se agachó y abrió una de ellas: empezó a sacar fajos de billetes sujetados por una liga de plástico. José Francisco le dijo que ya era hora, había que llevarlas a Estados Unidos.</p>
<p>Aunque apenas alcanzó a ver el interior de las maletas, no se le ocurrió ni siquiera contar el dinero. “El grado de confianza era tan fuerte, que no era necesario…”, declaró. Llevó las maletas a su casa en Bosques de las Lomas, en el entonces Distrito Federal, y las guardó en un ropero hasta que pudiera viajar.</p>
<p>“Este dinero proporcionará seguridad [&#8230;] para nuestros padres, para nuestros hermanos, para nosotros…”, le dijo su hermano José Francisco, quien era un prominente político que en unos meses sería elegido secretario general del PRI, el partido en el poder. Le dejó entrever que ocurriría una convulsión política, por eso era importante sacar las maletas llenas de dinero fuera del país.</p>
<p>El 3 de marzo de 1994 voló a Houston y fue al Texas Commerce Bank, donde hizo el primer depósito con el dinero de dos maletas. “En México las familias están muy unidas [&#8230;], uno habla de muchas cosas. Uno ayuda al otro”, diría después con nostalgia. Durante tres meses, Mario Ruiz Massieu y Jorge Stergios, un visitador general de la entonces Procuraduría General de la República (PGR), y su hombre de más confianza, llevaron el resto de los fajos de billetes.</p>
<p>Seis meses después los vaticinios de su hermano se hicieron realidad: José Francisco Ruiz Massieu fue asesinado en la colonia Tabacalera, a plena luz del día por un gatillero llamado Daniel Aguilar Treviño. En ese México de 1994, el presidente nombró a Mario el fiscal especial para investigar el asesinato de José Francisco. En caso de resolverlo, le daría la satisfacción de haber sido su vengador.</p>
<p>Pero todo salió muy mal: Mario Ruiz Massieu acusó a Ignacio Pichardo Pagaza, entonces presidente del PRI, y a María de los Ángeles Moreno, secretaria general del partido, de bloquear evidencias y desviar la investigación sobre el magnicidio de su hermano. En noviembre de 1994 renunció y por esos días lanzó la frase que quedaría grabada para siempre en la historia de la política mexicana: “los demonios andan sueltos y han triunfado”.</p>
<div id="attachment_3402" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/mario-ruiz-massieu-alcanzo-gloria.webp" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3402" class="size-full wp-image-3402" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/mario-ruiz-massieu-alcanzo-gloria.webp" alt="" width="618" height="490" /></a><p id="caption-attachment-3402" class="wp-caption-text">Mario Ruiz Massieu alcanzó la gloria en la administración de Carlos Salinas de Gortari (Hemeroteca MILENIO)</p></div>
<p>Mario venía de una de las familias más importantes del priismo. En protesta, dejó el partido y publicó un libro con su verdad. El 2 de marzo de 1995 abandonó el país y se fue a Houston; dicen que su destino final era España. Iba con su esposa María Barrientos, su hija Regina y una maleta negra con 40 mil dólares. En un formulario negaría ese dinero y ahí empezó la ruina.</p>
<p>Fue detenido por violar las leyes fiscales y migratorias. Ese arresto funcionó como puerta de entrada para que las autoridades estadounidenses lo detuvieran por una investigación más profunda que, dijeron, venían realizando tiempo atrás: la sospecha de que millones de dólares, que habían sido depositados en cuentas bancarias de Texas, estarían ligadas al narcotráfico.</p>
<p>Unos meses después en un interrogatorio en su juicio, las autoridades le preguntaron directamente a Mario Ruiz Massieu por qué hizo un movimiento tan torpe, intentar viajar con miles de dólares en maletitas. La respuesta que dio es el reflejo de una época, la caída de una familia poderosa provocada por un miedo a lo que pudiera provocar el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el EZLN, que el 1 de enero de 1994 se había levantado en armas.</p>
<div id="attachment_3407" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/subcomandante-marcos-moises-comandante-tacho.webp" data-rel="lightbox-image-1" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3407" class="size-full wp-image-3407" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/subcomandante-marcos-moises-comandante-tacho.webp" alt="" width="618" height="349" /></a><p id="caption-attachment-3407" class="wp-caption-text">El Subcomandante Marcos, el Mayor Moisés y el Comandante Tacho, miembros del EZLN (Archivo)</p></div>
<p>​Esta es una colaboración de ARCHIVERO para DOMINGA, que reconstruye esta historia gracias a la desclasificación de expedientes olvidados entre cajones y viejas oficinas públicas. Casos como éste revelan que en México la verdad oficial está en obra negra.</p>
<p><strong>Una familia del puerto y los primeros asesinatos</strong></p>
<p>Según la transcripción de un interrogatorio a Mario Ruiz Massieu en una corte de Estados Unidos, nació un 24 de diciembre de 1950 en el puerto de Acapulco, Guerrero, por ese entonces convertido en uno de los destinos turísticos más glamurosos del mundo, especialmente para las estrellas de Hollywood.</p>
<p>Su madre fue la señora Refugio Massieu, hija de un general muy importante y fundador del Instituto Politécnico Nacional. Aunque su madre no fue a la universidad, fue una “feminista silenciosa” que empezó en el periodismo a los 16 años. Su padre era el señor Wilfrido Ruiz Quintanilla, un pediatra y empresario muy exitoso. La pareja tuvo siete hijos: seis hombres y una mujer. Cuando Mario tenía 15 años, su padre le dio la noticia de que sus hermanos mayores habían muerto en un accidente. Más tarde se enteraría que eso era una mentira: Wilfrido y Roberto fueron asesinados a balazos.</p>
<p>Una versión de esta historia la tiene el periodista argentino Mempo Giardinelli, quien cuenta que todo ocurrió porque Wilfrido embarazó a una jovencita del puerto. El padre le exigió a los señores Ruiz Massieu que se responsabilizaran y, en lugar de ello, se burlaron de él. La chica terminó quitándose la vida. El hombre los asesinó en el malecón y luego se suicidó sobre la tumba de su hija.</p>
<blockquote><p>“Desde el punto de vista mexicano, siempre fuimos una familia adinerada con una casa enorme, con un profesor o instructores para quien quisiera jugar al futbol, ​​esquiar o hacer lo que fuera, y con una vida cultural muy completa, porque mi madre provenía de una familia muy intelectual y culta”, dijo.</p></blockquote>
<p>Mario Ruiz Massieu estudió la carrera de Administración Turística en la Escuela Mexicana de Turismo, la carrera de Derecho en la Universidad Iberoamericana y una maestría en Historia en la UNAM. Aunque tuvo diversos trabajos reconoció que la gloria laboral vino cuando uno de los mejores amigos de su hermano José Francisco se convirtió en presidente de la República: se trataba ni más ni menos que de Carlos Salinas de Gortari.</p>
<blockquote><p>“Creo que era uno de sus tres o cuatro mejores amigos y quien más lo ayudó a tener una carrera exitosa”, diría. Mario también declaró que, a la distancia, el partido en el que militaban él y su hermano también fue “la dictadura perfecta, como la llamó el escritor peruano Mario Vargas Llosa”.</p></blockquote>
<p>Con el impulso del partido su hermano José Francisco se convertiría en uno de los gobernadores más poderosos de Guerrero y él, con Salinas de Gortari, sería secretario del gabinete de Desarrollo Social; según su propio testimonio, además de recibir su sueldo desde la Presidencia, les llegaban los famosos “bonos”. Una práctica que se acostumbraba durante esa época priista. “Desde el Congreso, que era del PRI, se le daba al presidente de la República una cantidad secreta, y no es que tengas que guardar un recibo [cuando les daban los bonos]”.</p>
<div id="attachment_3401" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/ignacio-pichardo-pagaza-presidente-pri.webp" data-rel="lightbox-image-2" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3401" class="size-full wp-image-3401" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/ignacio-pichardo-pagaza-presidente-pri.webp" alt="" width="618" height="510" /></a><p id="caption-attachment-3401" class="wp-caption-text">Ignacio Pichardo Pagaza, entonces presidente del PRI, y Carlos Salinas de Gortari como presidente de México (Hemeroteca MILENIO)</p></div>
<p>​Mario Ruiz Massieu explicaba a las autoridades estadounidenses que por eso habían logrado juntar tanto dinero, entre él y su hermano, porque el PRI hacía entonces un pago directo en efectivo que depositaba en una cuenta bancaria adonde llegaban las bonificaciones mensuales. Los bonos se dispararon y su sueldo también cuando en 1989 fue nombrado embajador de México en Dinamarca. Se llevó hasta 18 mil dólares al mes, más unos 250 mil por los tres años que fue embajador. Su hermano a veces recibía en un mes bonos de la presidencia por hasta 500 mil pesos.</p>
<p>Sin embargo, para él los puestos más importantes comenzaron a llegar en enero de 1993 cuando obtuvo un cargo en la Secretaría de Gobernación y en junio, nombrado subprocurador general de la República.</p>
<p><strong>El asesinato de José Francisco Ruiz Massieu y el estallido zapatista</strong></p>
<p>Mario Ruiz Massieu declaró que en diciembre de 1993 empezó a sentir un ambiente tenso en su familia. Resulta que a finales de ese año, su hermano José Francisco tuvo una reunión con unos amigos que lo conmocionó. Le habían advertido que se estaba fraguando un movimiento desde algún lugar remoto en Chiapas, en el sur de México. No sabían mucho pero creían que eran guerrilleros.</p>
<blockquote><p>“Desconocían las dimensiones del problema y se pensaba que era indispensable contar con un fondo [&#8230;], nos dijo que podría ser necesario que todos contribuyéramos con cierta cantidad de dinero y él estaría de acuerdo en contribuir el doble de lo que cada uno aportaría según sus recursos”.</p></blockquote>
<p>Sin embargo, una reunión que sostuvo en Houston fue lo que los hizo actuar de inmediato: tuvo un encuentro con un político que había sido secretario de Gobernación, Patrocinio González Garrido, quien también había sido gobernador de Chiapas. Hoy se sabe que este hombre fue una figura central en el contexto del alzamiento del EZLN. Durante su gestión, la represión, el despojo de tierras y el control autoritario sobre comunidades indígenas se intensificaron.</p>
<blockquote><p>“[La reunión con José Francisco] fue para hablar sobre la situación guerrillera y conflictiva que vivía México, lo cual, como consecuencia, hacía necesario transferir fondos al extranjero [&#8230;]. La decisión fue que él renunciaría a la posición patriarcal que tenía dentro de la familia, y se involucraría plenamente en el problema político que estaba viviendo”.</p></blockquote>
<p>Según Mario Ruiz Massieu, “la autoridad moral” de llevar el dinero de la familia a Houston estaría en sus manos. Por eso durante meses él y su hombre de confianza, Jorge Stergios, fueron llevando las demás maletas con más de nueve millones de dólares, el patrimonio de varios integrantes de la familia. Según Massieu el plan se echaría a andar cuando supuestamente el EZLN hiciera estallar un coche bomba en el estacionamiento de un concurrido centro comercial al sur del Distrito Federal y cuando destruyeran torres eléctricas en otros estados.</p>
<blockquote><p>“Esto necesariamente aceleró o estableció una situación de inestabilidad política y económica”, diría en un interrogatorio.</p></blockquote>
<p>Pero José Francisco Ruiz Massieu no alcanzaría a resolver ningún conflicto en Chiapas ni tampoco a salir del país: fue asesinado el 28 de septiembre de 1994. Un hombre llamado Daniel Aguilar Treviño sacó de su ropa una metralleta Uzi y le disparó un tiro al cuello, mientras salía en su automóvil de un evento público.</p>
<div id="attachment_3405" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/portada-de-la-aficion-del.webp" data-rel="lightbox-image-3" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3405" class="size-full wp-image-3405" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/portada-de-la-aficion-del.webp" alt="" width="618" height="766" /></a><p id="caption-attachment-3405" class="wp-caption-text">Portada de La Afición del 29 de septiembre de 1994 (Hemeroteca MILENIO)</p></div>
<p>Lo demás es historia conocida: Salinas de Gortari colocó a Mario Ruiz Massieu como fiscal especial para esclarecer el crimen de su hermano. Mario se fue contra el PRI y aseguró que el crimen había sido fraguado dentro del partido. En noviembre de 1994 renunciaría. Y como suele ocurrir cuando llega el nuevo: el panista Antonio Lozano Gracia, el nuevo titular de la PGR, lo acusó de destruir evidencia y proteger a Raúl Salinas de Gortari, hermano del presidente, a quien Lozano acusaba de autor intelectual del crimen, apoyado por una vidente.</p>
<div id="attachment_3406" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/raul-salinas-de-gortari-archivo.webp" data-rel="lightbox-image-4" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3406" class="size-full wp-image-3406" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/raul-salinas-de-gortari-archivo.webp" alt="" width="618" height="756" /></a><p id="caption-attachment-3406" class="wp-caption-text">Raúl Salinas de Gortari (Archivo)</p></div>
<p><strong>Mario Ruiz Massieu tomó un vuelo sin regreso</strong></p>
<p>Aquella mañana Debbie Zezima estaba a cargo de la División de Procesamiento de Pasajeros en el aeropuerto de Houston. Dice que diariamente supervisaban a unos 35 inspectores que recibían a la gente. Por ese entonces en los mostradores se dejaban los formularios para que los pasajeros pudieran declarar a su llegada si traían consigo más de 10 mil dólares en efectivo.</p>
<p>En el expediente del caso relató que el 2 de marzo de 1995, desde un vuelo de la Ciudad de México, aterrizó por la noche. Llegó al Aeropuerto Intercontinental George Bush de Houston, Texas, a bordo de un vuelo comercial de Continental. Su nombre figuraba en la clase ejecutiva. Según Debbie Zezima, Mario Ruiz Massieu no informó que llevaba 46 mil dólares en su maleta. Ese día fue detenido sin derecho a fianza.</p>
<div id="attachment_3404" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/mario-ruiz-massieu-salio-esposa.webp" data-rel="lightbox-image-5" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3404" class="size-full wp-image-3404" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/mario-ruiz-massieu-salio-esposa.webp" alt="" width="618" height="412" /></a><p id="caption-attachment-3404" class="wp-caption-text">Mario Ruiz Massieu salió del país con su esposa María Barrientos, su hija Regina y una maleta negra con 40 mil dólares (Shutterstock)</p></div>
<p>Robert Rutt, un agente del Servicio de Aduanas de Estados Unidos, declaró que Ruiz Massieu fue trasladado a una oficina federal en Houston donde se le informó que los 40 mil dólares no eran el problema: desde hacía meses detectaron movimientos sospechosos en su cuenta del Texas Commerce Bank.</p>
<blockquote><p>“Durante esos días muchos agentes aquí en Houston hablaron con agentes de todo el país para verificar con informantes confidenciales. También consultaron con la PGR, para averiguar si tenían alguna investigación sobre el señor Massieu”, declararía.</p></blockquote>
<p>El 13 de marzo la fiscalía estadounidense logró una orden de incautación de los nueve millones de dólares que, según Mario, había sacado por miedo al EZLN.</p>
<p>Pero lo peor estaba por venir: ahora las autoridades estadounidenses aseguraban que habían conseguido declaraciones de informantes, que les habían revelado que Ruiz Massieu había recibido pagos de narcotraficantes. La conexión era Adrián Carrera Fuentes, entonces director de la Policía Judicial Federal de México.</p>
<p><strong>La investigación de los 9 millones de dólares de los Ruiz Massieu</strong></p>
<p>En México la detención de Mario Ruiz Massieu fue un festín para la prensa y para la PGR, quienes cada semana anunciaban un nuevo cargo en su contra. Al mismo tiempo comenzaron una batalla legal y diplomática, a través del gobierno de Estados Unidos, para regresarlo al país. Durante 1995 solicitaron en tres ocasiones la deportación, pero los jueces estadounidenses se negaban una tras otra.</p>
<p>Mario Ruiz Massieu enfrentaría uno de los juicios civiles más prolongados y controvertidos en la historia reciente entre México y Estados Unidos. Él quería de vuelta sus 9 millones 041 mil 598 de dólares que le habían incautado, pero el gobierno de Bill Clinton no autorizaba regresárselos. Su juicio con jurado empezaría un 10 de marzo de 1997 en una corte federal del Distrito Sur de Texas. Desde el arranque la fiscal Susan Kemptner relató que, entre diciembre de 1993 y hasta febrero de 1995, se realizaron 25 depósitos en la cuenta. Prometió que sus testigos demostrarían que el dinero venía del narcotráfico a quien protegía durante su tiempo como subprocurador.</p>
<p>Uno de sus primeros testigos sería Robert Rutt, un agente de aduanas estadounidense quien aseguró que una fuente en México les dijo que los narcotraficantes Amado Carrillo Fuentes y Manuel Aguirre pagaban sobornos a Ruiz Massieu y a Adrián Carrera Fuentes, entonces jefe de la Policía Judicial Federal. “El dinero se entregaba en la casa del señor Massieu por la noche, Jorge Stergios lo sacaba de la casa del señor Massieu y lo llevaba al banco”.</p>
<p>Según la Fiscalía, Mario también recibió de estos narcotraficantes un Mustang amarillo, un Lincoln Town Car negro, un Mercury Marquis azul, una Chevy Suburban blanca y un Chevrolet Super Sport. Otro de sus testigos sería Raúl Macías, un policía judicial federal, quien aseguró que le entregaron maletas con dinero. Afirmó que lo reconoció por una fotografía que había visto previamente en las oficinas de su comandante. “Cuando abrimos la cajuela, ahí estaba el señor Mario Ruiz Massieu. Lo reconocí porque lo había visto en una foto que tenía el comandante Grajeda en su oficina. Él era quien iba en el carro azul, un Marquis. Subieron las maletas al coche y se fue”. Ninguno de los dos testimonios fue probado con evidencias factibles.</p>
<p>Finalmente en abril de 1997, aunque no se comprobó que el dinero venía del narcotráfico, la jueza Nancy Atlas emitió un falló: el dinero estaba sujeto a decomiso civil por estar vinculado a operaciones financieras sospechosas, sin justificación legal suficiente. La familia Ruiz Massieu nunca recuperó esos nueve millones de dólares.</p>
<p>Mario Ruiz Massieu estuvo en prisión domiciliaria hasta 1999 en una pelea judicial no sólo por el dinero de la familia, sino también para evitar su extradición a México. Su abogado durante aquellos años fue Tony Canales, quien también representaba a narcotraficantes como Juan García Ábrego, líder del Cártel del Golfo.</p>
<p>El 10 de junio de 1999 fue declarado deportable a México. Sin embargo, el 15 de septiembre de 1999, Mario Ruiz Massieu fue encontrado muerto en el departamento de Nueva Jersey donde se encontraba en prisión domiciliaria. Horas antes, un juez migratorio había autorizado su extradición. La causa oficial fue suicidio: una aparente “sobredosis de antidepresivos”.</p>
<p>Mario Ruiz Massieu dejaría escrito en una carta:</p>
<p><em>Confieso que soy un hombre sin posibilidades de salir adelante.</em></p>
<p><em>Confieso que descubrí demasiado tarde la delicia de ser opositor al gobierno.</em></p>
<p><em>Confieso que prefiero la muerte a la cárcel.</em></p>
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			</item>
		<item>
		<title>La ‘robachicos’ que se llevó a Fernandito Bohigas y movilizó hasta al presidente</title>
		<link>https://archiveroexpedientes.com/la-robachicos-que-se-llevo-a-fernandito-bohigas-y-movilizo-hasta-al-presidente/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=la-robachicos-que-se-llevo-a-fernandito-bohigas-y-movilizo-hasta-al-presidente</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dardo Neubauer]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Aug 2025 18:26:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desclasificados]]></category>
		<category><![CDATA[El Archivero]]></category>
		<category><![CDATA[archivero]]></category>
		<category><![CDATA[Expedientes]]></category>
		<category><![CDATA[robachicos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; Sonó el teléfono la noche del 6 de noviembre de 1945 en el departamento de los Bohigas Lomelí, una familia de clase acomodada en la Ciudad de México, dedicada al negocio de la ferretería. Fue Ana María, la esposa, quien respondió la llamada de un hombre que no se presentó y fue directo: –Señora. Es conveniente que retire los volantes que ha puesto en todas partes. –¿Para qué? –le respondió. –Ya se lo advertí, así no lo va a conseguir. –¿Entonces cómo? Ya sabe usted que necesito conseguir a mi hijo –reviró ella. Había pasado más de un mes [&#8230;]</p>
La entrada <a href="https://archiveroexpedientes.com/la-robachicos-que-se-llevo-a-fernandito-bohigas-y-movilizo-hasta-al-presidente/">La ‘robachicos’ que se llevó a Fernandito Bohigas y movilizó hasta al presidente</a> se publicó primero en <a href="https://archiveroexpedientes.com">Archivero</a>.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Sonó el teléfono la noche del 6 de noviembre de 1945 en el departamento de los Bohigas Lomelí, una familia de clase acomodada en la Ciudad de México, dedicada al negocio de la ferretería. Fue Ana María, la esposa, quien respondió la llamada de un hombre que no se presentó y fue directo:</p>
<p>–Señora. Es conveniente que retire los volantes que ha puesto en todas partes.</p>
<p>–¿Para qué? –le respondió.</p>
<p>–Ya se lo advertí, así no lo va a conseguir.</p>
<p>–¿Entonces cómo? Ya sabe usted que necesito conseguir a mi hijo –reviró ella.</p>
<p>Había pasado más de un mes desde que a Ana María Lomelí le habían robado a su hijo, Fernandito Bohigas Lomelí, el menor de sus niños, de apenas dos años, cuando lo cuidaba otro jovencito que, hacía unas semanas, había llegado a jugar con los niños del edificio con el pretexto de que su mamá trabajaba cerca. El caso aparecía en los periódicos y ofrecían recompensas de 5 y 10 mil pesos.</p>
<div id="attachment_3393" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/acta-del-nino-archivero.webp" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3393" class="size-full wp-image-3393" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/acta-del-nino-archivero.webp" alt="" width="618" height="810" /></a><p id="caption-attachment-3393" class="wp-caption-text">Acta del nacimiento de Fernando Bohigas Lomelí | Archivero</p></div>
<p>Aun así, del otro lado del teléfono, el hombre aseguró que él se había robado al pequeño en las escaleras del departamento de la colonia Juárez. Esa noche Ana María le imploró que se lo regresara y le preguntó: “¿Tú también eres padre?”, apelando a su instinto paternal.</p>
<p>–No soy padre y sólo quiero una cosa [&#8230;]. Dinero –dijo tajante.</p>
<p>Ana María se tranquilizó y pensó con la cabeza fría: le explicó que le entregaría el dinero cuando le diera al niño y aseguró que “si me pide la sangre mía, se la doy con tal de mantener a mi hijo”. El hombre le advirtió que al día siguiente, a las dos de la tarde, debía ir a la calle de Eliseo, esquina con Puente de Alvarado, en la contraesquina de una mueblería frente al Colegio Cervantes en San Cosme.</p>
<p>–Lleve usted una rosa o un clavel en la mano, ahí sabrá usted más cosas –le dijo y colgó. Al día siguiente, Ana María Lomelí pasó más de una hora parada frente al Colegio Cervantes sin que nadie llegara a su encuentro.</p>
<p>Desde ese entonces la familia Bohigas Lomelí recibió una avalancha de llamadas telefónicas, telegramas, cartas y pistas sensacionalistas que ubicaban a Fernandito en los brazos de una señora, por el barrio de Santa Julia, trabajando en un mercado o viajando a Puebla en camión o mendigando con gitanos.</p>
<p>Durante ocho meses el país entró en una psicosis colectiva donde decenas de personas aseguraban tener información para ofrecer sus servicios de investigación o ciudadanos que confesaban haberlo atropellado y sepultado en un panteón.</p>
<p>Esta es una colaboración de ARCHIVERO para DOMINGA, que reconstruye gracias a la desclasificación de expedientes olvidados entre cajones y viejas oficinas públicas. Esta fue la primera desaparición mediática de un niño y que puso en primera plana a los ‘robachicos’. Casos como éste revelan que en México la verdad oficial siempre está en obra negra.</p>
<p><strong>La psicosis por los robachicos en el Distrito Federal</strong></p>
<p>Aunque el secuestro del niño Bohigas no fue el primer caso, sí se convertiría en uno de los más mediáticos del siglo XX, dice la investigadora Susana Sosenski en su ensayo “El caso Bohigas: Reacciones al secuestro infantil en el México de los años cuarenta”. Y es que no era un niño cualquiera.</p>
<p>Fernandito Bohigas tenía dos años y dos meses cuando se lo llevaron. Según los reportes policiales que ahora están apilados en el Archivo Histórico de la Ciudad de México era hijo de un contador público y empresario del ramo ferretero y de un ama reconocida en la sociedad de aquellos años.</p>
<p>En las fotos de la época que forman parte del expediente, aparece con su rostro rechonchito, piel clara, ojos grandes color café, cabello lacio castaño; viste un sueter de lana con detallitos bordados en el pecho, pantalón corto con tirantes anchos y unos zapatitos negros de broche.</p>
<p>Desde los primeros días en que desapareció Fernandito, los titulares de los diarios estaban repletos de teorías de la conspiración que aseguraban que había una red de mujeres americanas que compraban niños en la capital. “En algunas partes del país han sido robados y vendidos niños de cabellos claros y ojos claros y han sido entregados a señoras norteamericanas”, aseguraba como verdad irrefutable el periódico El Universal por aquellos días.</p>
<p>En el expediente se puede leer una carta anónima que recibió la familia el 7 de octubre de 1945 que evidenciaba la psicosis que empezaba a gestarse con la desaparición de Fernandito Bohigas. Un hombre les confiesa que había descubierto cómo operaban las bandas de “robachicos” en la ciudad, quienes se encontraban mayormente en la colonia Doctores y en el Tepeyac. Según la carta, el común denominador es que vestían overoles y suéteres rayados, como si fuera el código de una secta. Seguro ellos tenían al niño, les dijo.</p>
<p>Pero no era el único: a 497 kilómetros del Distrito Federal, desde Guadalajara les llegaron cartas llenas de sospechosismo y especulaciones: “En Chapala se encuentra una tribu de gitanos que llevan a un niño robado”.</p>
<p>En el expediente se apilan decenas de cartas de “investigadores aficionados”, como se llamaban a sí mismos, que revelan el acoso telefónico que vivió la familia Bohigas, quienes habían colocado su teléfono particular en los carteles de búsqueda.</p>
<p>Gente como el señor Rodolfo Orozco llamarían a la casa el 1 de noviembre de 1945, para decirle a la familia que era un “detective aficionado” que podía ayudarles a encontrar a su hijito, con una certeza que convencería a cualquiera.</p>
<p>“Mire, señorita, acabo de ver una criatura muy parecida a la que se le perdió. Yo le suplico que venga inmediatamente para que la identifique”, le dijo otra mujer el 7 de noviembre de ese año. La señora Ana Maria Lomelí no dudaba en tomar las llaves del coche para ir a identificar a su niño, pero siempre era lo mismo: fantasías de los investigadores ciudadanos. Durante meses, el teléfono 28-61-08 no dejó de sonar en el departamento de la calle Liverpool número 88. “Dicen que el niño está dormido en la calle Navarra 10 de la colonia Álamos [&#8230;], quizá sea, quizá no sea”.</p>
<p>​</p>
<div id="attachment_3394" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/carta-archivero.webp" data-rel="lightbox-image-1" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3394" class="size-full wp-image-3394" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/carta-archivero.webp" alt="" width="618" height="737" /></a><p id="caption-attachment-3394" class="wp-caption-text">La familia recibió cartas anónimas así como llamadas en las que se les preguntaba por el avance del caso | Archivero</p></div>
<p>Señores como Germán Carrido marcaban todos los días para preguntar si ya había aparecido el niño. “No señor, aún no…” puede leerse el desgano de la madre, quien durante meses contestó cientos y cientos de llamadas. Lo mismo hacía la señora Carolina Arroyo: “señora, ¿qué ha sabido”. Nada. Siempre la misma respuesta. Nada.</p>
<p><strong>El secuestro de Fernandito Bohigas llegó a oídos del presidente</strong></p>
<p>Entre octubre y diciembre de 1945 los periódicos llenaron sus planas con la palabra robachicos: “Fue capturado un robachicos”; “Buena pista de niños robados”; “Robachicos en Chilpancingo”. Parece que fue así que llegó hasta los oídos del presidente de México, Manuel Ávila Camacho.</p>
<p>Según los reportes del Archivo de la Ciudad de México, a diferencia de otros casos, aquí la policía del Distrito Federal y la Policía Secreta se movilizaron de una manera extraordinaria. Se ordenó vigilancia total afuera de la casa familiar y en los alrededores, y también se intervinieron los teléfonos día y noche para tratar de rastrear las llamadas anónimas que se recibían todos los días.</p>
<p>La investigación fue comisionada al comandante del Servicio Secreto, Jesús Chucho Galindo Vázquez.</p>
<p>Las primeras hipótesis del Servicio Secreto fueron que tal vez se lo habían robado tribus gitanas que transitaban por la República Mexicana desde la India. “Traen muchos niños y no sería remoto que entre ellos se encuentre el niño Bohigas. Yo puedo coger al jefe de la tribu y darle un buen susto con objeto de que me diga todo lo que sepa relacionado con este asunto”, dejó asentado en un reporte un coronel de nombre Julián Sáenz.</p>
<p>Otra hipótesis que sostuvieron es que al niño tal vez se lo habían llevado a Estados Unidos porque las mujeres de los soldados, que estaban regresando del frente de batalla, tras la Segunda Guerra Mundial, obtenían niños para hacerlos pasar como suyos ante sus maridos.</p>
<p>La policía investigó a Margaret Bartlett, una ciudadana neoyorquina que vivía cerca de los Bohigas y que desapareció inexplicablemente días antes del secuestro. Pronto pudo comprobarse que la mujer nada tenía que ver con el rapto y que había viajado a Cuba para divertirse y peregrinar por hospitales locales a resultas de su frecuente estado de embriaguez.</p>
<p>El caso activó a la Policía de la Ciudad de México y mandó imprimir 170 mil volantes que se distribuyeron en México y otros países fronterizos e incluso puso en alerta al presidente que, en diciembre de 1945, envió al Congreso una iniciativa de reforma para que el secuestro de niños se castigara con hasta 30 años de cárcel.</p>
<p><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/noticia-1.jpg" data-rel="lightbox-image-2" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><br />
<img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-3398" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/noticia-1.jpg" alt="" width="663" height="1118" /></a></p>
<p><strong>El Día del Niño, la secuestradora declaró todo: “quería ser madre”</strong></p>
<p>Según el Archivo de la Ciudad de México, el sábado 27 de abril de 1946, una mujer llamó a las oficinas del comandante Chucho Galindo y le dijo que el niño estaba vivo: tenía información de que lo tenían en una casa en la colonia Moctezuma. Un informe del Servicio Secreto, que fue enviado directamente al presidente Ávila Camacho, narra que tras un operativo localizaron al niño Bohigas en la calle 12 de la colonia Moctezuma, muy cerca del aeropuerto.</p>
<p>No fueron gitanos ni mendigos, como reportaron durante meses los medios amarillistas: fue un matrimonio en el que la madre secuestradora también se llamaba María. La señora María Elena Rivera y el señor Carlos Martínez Maldonado se lo habían robado y, sólo tres meses después del secuestro, lo registraron como su hijo bajo el nombre de Augusto Eugenio Martínez Rivera.</p>
<p>El 30 de abril, paradójicamente el Día del Niño, María Elena Rivera rendiría su declaración ante la policía del Distrito Federal, que quedará para la historia del secuestro infantil en México: se robó al niño porque hacía tiempo había visto frustrado su sueño de ser madre.</p>
<p>“Al contraer matrimonio con Carlos [su esposo], lo hice con el deseo propio de la mujer que aspira a tener un hogar, un esposo a quien cuidar y además sentir la satisfacción de ser madre”, declaró. Dice que durante tres años intentó concebir un hijo y, a pesar de los tratamientos a los que se sometía, no lo lograba. “Pero los médicos me decían que me encontraba en perfectas condiciones”, lamentó.</p>
<p>Al tercer año de matrimonio le propuso a su esposo adoptar un bebito y comenzaron a realizar las gestiones en un orfanato llamado Casa Cuna. Era 1944 y su esposo no estaba convencido de la adopción. Fue por eso que, harta de esperar, llevó una nueva solicitud donde se declaró soltera.</p>
<p>Le prometieron que se lo darían e incluso le dijo a su esposo que era cuestión de dos meses. Él mandó a hacer tarjetas de invitación para darle la bienvenida a su nuevo bebé. Pero el bebé nunca llegó y ella inventó a sus familiares que se debía a que estaba internado en un centro de salud para monitorearlo. Cuando captó que tal vez el bebito de Casa Cuna nunca llegaría, comenzó a visitar colonias humildes: El Rastro, al oriente de la ciudad, Río Blanco, al norte, y Pensil y Tacubaya, al poniente, en busca de una familia que tuviera alguna necesidad económica y estuviera dispuesta a venderle a su niño.</p>
<p>Dice que el 25 de septiembre de 1945 salió de su casa en la colonia Moctezuma con rumbo al Centro Histórico, para distraerse por la tristeza que tenía y porque era imposible seguir sosteniendo la mentira con su familia. Cuando iba de regreso a casa, pasó en el camión por colonia Juárez y ahí lo vio: un pequeño niño regordete, hermoso, que bajaba por la escalerita de uno de los edificios. Iba corriendo con otros niños tras una pelota, que se le había rodado hacia la calle. Pensó en cómo podían descuidar a un niño tan pequeño así. Se indignó pero siguió su camino a casa.</p>
<p>Dice que durante dos días siguió pensando en el niño de la pelota y en lo descuidados que eran sus padres. No lo merecían. Fue así que, dos días después, se le ocurrió un plan: llevó a un niño vecinito que vivía al lado de su casa, Benjamín Arrollo. Le dijo que quería sacar de una casa a un bebito que estaba descuidado. María infiltró a Benjamín y acordaron que se presentaría como Rubén, el niño que decía que su madre trabajaba cerca. Estaba preparando el terreno para robárselo.</p>
<p>El 4 de octubre de 1945, Benjamín logró finalmente sacar al bebito del departamento en la colonia Juárez. Ella los esperó en una panadería, tomaron un taxi y se lo llevaron. Durante los primeros días se escondió en Puebla, pero luego regresó a la Ciudad de México. Durante esos ocho meses vivieron en la casa de la colonia Moctezuma, donde lo trató como su verdadero hijo: lo llevó de paseo a Chapultepec, a San Ángel. A su familia le dijo que el niño se lo había regalado una señora que estaba a punto de morir.</p>
<p>Dice que cuando el escándalo explotó en la prensa pensó en devolverlo pero, cuando leyó que incluso desde la presidencia se preveía la pena de muerte para los robachicos, sintió terror y decidió no hacerlo. María Elena sería encarcelada por robo de infantes y sentenciada a pasar 12 años de cárcel. Logró embarazarse finalmente en prisión. Cumplió su sueño.</p>
<p><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/noticia.jpg" data-rel="lightbox-image-3" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-3397" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/08/noticia.jpg" alt="" width="618" height="1390" /></a></p>
<p><strong>El ‘robachicos’ del cuento de José Emilio Pacheco</strong></p>
<p>Años después, en 1972, José Emilio Pacheco, autor de las Batallas en el Desierto, publicaría el cuento “Tenga para que se entretenga”, donde narra la historia de un extraño caso ocurrido en 1943, durante el periodo de Manuel Ávila Camacho.</p>
<p>En el relato, Olga Martínez de Andrade y su hijo Rafael pasean por el Bosque de Chapultepec cuando un hombre misterioso, que surge de un pasadizo subterráneo, invita al pequeño a conocer su casa más abajo, más adentro, y extiende a Olga una rosa roja con un alfiler. Ella pasa horas inmóvil, esperando con una rosa en la mano sin que nadie llegue a su encuentro, tal como Ana María Lomelí de Bohigas la tarde del 7 de noviembre de 1945.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Metro Viaducto 1975: la tragedia que llevó al chofer a prisión en Lecumberri</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dardo Neubauer]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 May 2025 00:23:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desclasificados]]></category>
		<category><![CDATA[El Archivero]]></category>
		<category><![CDATA[archivero]]></category>
		<category><![CDATA[conductor]]></category>
		<category><![CDATA[DFS]]></category>
		<category><![CDATA[Expedientes]]></category>
		<category><![CDATA[línea 2]]></category>
		<category><![CDATA[metro]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; Son las 10 de la mañana y Carlos intenta salir de entre los fierros del primer vagón de la Línea 2 del Metro que conduce desde hace tres años. A pesar de la herida en la cabeza y la sangre que le escurre por el rostro, alcanza a ver que en su vagón hay más gente que intenta abrirse paso entre lo que era una ventana. “¿Están bien?”, alcanza a preguntarles. Pero no le responden. Todos están en shock: sólo intentan abrirse paso entre el olor a quemado, los gritos y los cuerpos que yacen sin vida. Carlos empuja [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Son las 10 de la mañana y Carlos intenta salir de entre los fierros del primer vagón de la Línea 2 del Metro que conduce desde hace tres años. A pesar de la herida en la cabeza y la sangre que le escurre por el rostro, alcanza a ver que en su vagón hay más gente que intenta abrirse paso entre lo que era una ventana.</p>
<p>“¿Están bien?”, alcanza a preguntarles. Pero no le responden. Todos están en shock: sólo intentan abrirse paso entre el olor a quemado, los gritos y los cuerpos que yacen sin vida. Carlos empuja a los pasajeros y los ayuda a salir por los huecos hirvientes que se hicieron en el vagón debido al impacto . Ahora intenta salir, pero le viene un mareo y se desvanece. No hay más recuerdos.</p>
<p>El conductor abre los ojos y se da cuenta que está en las ruinas, de lo que un día fue el andén de la estación Viaducto de la línea color azul del Metro que va de Tacuba a Pino Suárez. Está ahí desvanecido y rodeado por las personas a las que él mismo ayudó a salir, y que asume lo sacaron después. Está mareado y confundido.</p>
<div id="attachment_3374" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/accidente-personas-perdieron-vida-resultaron.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3374" class="size-full wp-image-3374" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/accidente-personas-perdieron-vida-resultaron.jpg" alt="" width="618" height="386" /></a><p id="caption-attachment-3374" class="wp-caption-text">En el accidente 31 personas perdieron la vida y 70 más resultaron lesionadas | Archivero</p></div>
<p>De repente unos hombres lo abordaron y se lo llevaron no muy lejos de ahí. En ese lugar (que no se reporta dónde en los informes) lo está esperando el mismísimo coronel Jorge Obregón Lima, quien poco antes había sido jefe del Servicios Secreto y miembro de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la policía de espionaje en México.</p>
<p>En una ficha color azul del Archivo General de la Nación hay evidencias de que Obregón Lima realizó y grabó un interrogatorio. Una transcripción de ese audio cuenta que su nombre era Carlos Fernández Sánchez y apenas había cumplido los 21 años, cuando el 20 de octubre de 1975 manejaba el tren número 10. Esa mañana se estrelló contra otro, el número ocho, que se encontraba parado en la estación Viaducto.</p>
<p>Con una contusión en la cabeza, y sin haber recibido atención médica, empiezan a interrogarlo:</p>
<blockquote><p>–Carlos…</p>
<p>–Eh</p>
<p>–¿Cómo te llamas?</p>
<p>–Eh..</p>
<p>–¿Carlos?&#8230; ¡contésteme bien!</p></blockquote>
<p>Hoy es posible leer la transcripción del interrogatorio en el expediente, hay palabras y expresiones que delatan que lo más probable es que Carlos fue maltratado.</p>
<div id="attachment_3376" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/lecumberri-antigua-penitenciaria-ciudad-mexico.jpg" data-rel="lightbox-image-1" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3376" class="size-full wp-image-3376" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/lecumberri-antigua-penitenciaria-ciudad-mexico.jpg" alt="" width="618" height="464" /></a><p id="caption-attachment-3376" class="wp-caption-text">Lecumberri fue la antigua Penitenciaría de la Ciudad de México, funcionó como tal hasta 1976 | Especial</p></div>
<blockquote><p>–¡Ay, ay, ay! –tecleó la mecanógrafa con signos de admiración, como un quejido.</p></blockquote>
<p>Carlos, aún apelotardado por el impacto, le contesta tres veces que se llama Carlos, pero no puede verbalizar su apellido.</p>
<blockquote><p>–¡A qué hora te tocó la salida! –le grita.</p>
<p>–¡Ay!</p>
<p>–¡Háblame fuerte, no te oigo!</p></blockquote>
<p>Esta es una colaboración de ARCHIVERO para DOMINGA, que reconstruye la colisión de trenes en el Metro de la Ciudad de México de 1975, el primer accidente y más letal en su historia, donde murieron 31 personas y 70 resultaron heridas de gravedad. Casos como éste revelan que en México la verdad oficial siempre está en obra negra.</p>
<p><strong>La teoría de sabotaje que persiste hasta la actualidad</strong></p>
<p>El 4 de septiembre de 1969 el “gusano naranja” cruzó por primera vez la ciudad de oriente a poniente. El Metro era la representación de la modernidad, que tanto habían prometido los gobiernos priistas por ese entonces. La línea en inaugurarse fue la 1 que por entonces arrancaba en Chapultepec y terminaba en Zaragoza. Sólo un año después sería inaugurada la Línea 2, también conocida como la azul, y en su primer tramo conectaba la zona de Tacuba con Pino Suárez, en el Centro Histórico.</p>
<p>Según un expediente del Archivo General de la Nación, para octubre de 1975 más de un millón 800 mil personas utilizan diariamente la Línea 2 del Metro, que atravesaba dos estaciones super concurridas muy cerca del Centro: Chabacano, en la colonia Vista Alegre, y Viaducto, en la colonia Álamos, uno de los pocos tramos que no eran subterráneos y corrían sobre Calzada de Tlalpan.</p>
<div id="attachment_3373" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/accidente-atribuyo-falla-humana-concretamente.jpg" data-rel="lightbox-image-2" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3373" class="size-full wp-image-3373" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/accidente-atribuyo-falla-humana-concretamente.jpg" alt="" width="618" height="1033" /></a><p id="caption-attachment-3373" class="wp-caption-text">El accidente se atribuyó a una falla humana, concretamente a la negligencia del conductor de la unidad 10 | Archivero</p></div>
<p>Casi desde su inauguración, cuando él tenía 16 años, el jovencito originario de Michoacán, Carlos Fernández Sánchez, se unió al equipo de trabajo del Sistema de Transporte Colectivo Metro, sin embargo sólo tres años antes del accidente se había vuelto chofer. Las fotos de Carlos recuerdan a Jim Morrison, el vocalista de The Doors, con la misma juventud y el pelo largo, encrespado y medio rizado.</p>
<p>Según el interrogatorio que grabó el coronel Jorge Obregón Lima, esa mañana Carlos Fernández llevaba unos 130 pasajeros en el tren.</p>
<blockquote><p>–A ver explícame cómo fue… Explícame cómo fue el accidente.</p>
<p>–Por favor… –parece suplicarle Carlos.</p></blockquote>
<p>Según su declaración ante el coronel a las 9:07 de la mañana salió de la base en Tacuba y le tocó manejar el tren modelo MP-68 con el número 10. Cerca de las 9:30 de la mañana llegó a la estación Chabacano, donde hizo su parada normal con rumbo a la siguiente, Viaducto, a dos kilómetros de distancia.</p>
<p>Dice que cuando estás por llegar a Viaducto, hay una pequeña lomita desde donde se alcanza a ver si hay un tren en el andén. Lo vio pero pensó que iba acelerar y retirarse, dice que tampoco ninguno de los operadores le avisó que el tren número ocho conducido por el chofer Miguel Sánchez Martínez, seguía en el andén.</p>
<p>De repente en la transcripción aparecen otra vez los quejidos:</p>
<p>–¡¡¡Ay!!! –parece que Carlos grita de dolor.</p>
<p>Carlos reacciona y le dice que no hablará más hasta que esté presente gente de el Metro, sus superiores o del sindicato. De repente en la transcripción aparece un hombre, un gerente jurídico y de vigilancia del Metro de apellido Leyva. Carlos le pide que le enseñe su credencial y éste le responde que no la tiene.</p>
<p>Carlos, resignado, vuelve a hablar y explica que para él varios factores se conjugaron esa mañana: en el andén no había una señalización adecuada y nadie le alertó, además aseguró que después del impacto otros pasajeros le contaron que cuando el tren ocho iba avanzar, unos pasajeros accionaron la palanca de emergencia. Esta última declaración sería la criptonita que activaría las teorías de la conspiración que sobreviven hasta el día de hoy y apuntan a un supuesto sabotaje.</p>
<blockquote><p>“Ya nada más vi el tren enfrente de mi… Cuando iba a llegar, frené, y ya la desesperación, no sé, frené y ya después no sé qué me pasó”.</p></blockquote>
<p>El chofer dice que se vino el impacto y luego las imágenes horribles: su vagón encima, incrustado en el vagón del otro tren.</p>
<div id="attachment_3375" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/conductor-condenado-anos-prision-negligencia.jpg" data-rel="lightbox-image-3" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3375" class="size-full wp-image-3375" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/conductor-condenado-anos-prision-negligencia.jpg" alt="" width="618" height="991" /></a><p id="caption-attachment-3375" class="wp-caption-text">El conductor fue condenado a 14 años de prisión por negligencia y homicidio culposo. Fue liberado por buena conducta tiempo antes | Archivero</p></div>
<p><strong>Autoridades determinaron que el accidente fue culpa del chofer</strong></p>
<p>En la estación Viaducto quedaron los trenes prensados, uno con otro: convertidos en una pila de fierros deformados. “Yo no sé cómo estoy vivo”, dijo Carlos. Otros pasajeros declararon que sintieron una sacudida y un golpe seco.</p>
<blockquote><p>“Vi que una muchacha, a la sacudida del golpe, quiso agarrarse de algo, pero rebotó contra un fierro y se golpeó contra la cabeza… me parece que está muerta”, diría una de las pasajeras a los periodistas de El Sol de México.</p></blockquote>
<p>Más de 2 mil equipos de rescate intentaban sacar con la ayuda de otros pasajeros y los vecinos de la zona, a los que quedaron con medio cuerpo debajo de los escombros. Fueron generosos como en toda tragedia mexicana: llevaron sus herramientas de casa y hasta sus vehículos para trasladarlos a los hospitales más cercanos.</p>
<p>Los testimonios de ese día cuentan que mientras los pasajeros yacían sepultados bajo los escombros, los rescatistas intentaban consolarlos entre los fierros deformados; también que entre las rendijas de las carrocerías naranja, les inyectaban opioides para soportar el dolor, mientras intentaban liberarlas con sopletes, sierras eléctricas y grúas.</p>
<div id="attachment_3379" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/tren-viajaba-kilometros-hora-estrello.jpeg" data-rel="lightbox-image-4" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3379" class="size-full wp-image-3379" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/tren-viajaba-kilometros-hora-estrello.jpeg" alt="" width="618" height="444" /></a><p id="caption-attachment-3379" class="wp-caption-text">El tren viajaba a 70 kilómetros por hora cuando se estrelló con el convoy que se encontraba detenido | Fototeca MILENIO</p></div>
<p>Inmediatamente el presidente Luis Echeverría Álvarez instaló una comisión para investigar las verdaderas causas. Tan sólo seis días después, el 26 de octubre de 1975, se determinó que se debió a la imprudencia y descuido del chofer.</p>
<p>Y es que según las autoridades, los sistemas de operación y dispositivos de seguridad funcionaron con normalidad, a pesar de que Carlos aseguró lo contrario y reiteró ante un juez que nadie le dio la orden de detener el tren. Fernández fue llevado con todo y las heridas al penal de Lecumberri e inició un proceso judicial en su contra que terminó en una sentencia de 10 años de prisión por homicidios, lesiones y daño a propiedad ajena.</p>
<p>Según un expediente en el Archivo General de la Nación, de las horas posteriores al accidente, los informes internos de la policía de espionaje reiteraron que el convoy número ocho hizo un alto en los andenes del «viaducto», permaneciendo más tiempo de lo debido. Además, que personas no identificadas en la estación Chabacano accionaron la palanca de emergencia de uno de los vagones. El reporte dice tal cual:</p>
<blockquote><p>“Para que el convoy continúe la marcha, una vez que ha accionado la palanca de parada de emergencia, ésta debe volverse a su posición original mediante una llave de cuadro que conserva el Operador. Esta operación se verificó cerca de las 9.33 horas, es decir sólo tres minutos antes del accidente”.</p></blockquote>
<p>Sin embargo y a pesar de que desde la loma Carlos tuvo visibilidad absoluta y percatarse de la inmovilidad del convoy ocho por la velocidad que llevaba, de 60 a 70 kilómetros por hora, al accionar los frenos manuales, éstos no lograron detener el tren. Según la DFS al menos este fue su propio informe que ellos recopilaron gracias a los testimonios de Petro Téllez, regulador de turno en el Metro.</p>
<div id="attachment_3377" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/personas-murieron-resultaron-lesionadas-percance.jpeg" data-rel="lightbox-image-5" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3377" class="size-full wp-image-3377" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/personas-murieron-resultaron-lesionadas-percance.jpeg" alt="" width="618" height="906" /></a><p id="caption-attachment-3377" class="wp-caption-text">Más de 30 personas murieron y alrededor de 70 resultaron lesionadas por el percance | Especial</p></div>
<p><strong>La lista de fallecidos fue larga y dolorosa</strong></p>
<p>El conductor Carlos sólo había estudiado hasta la secundaria y ganaba un sueldo mensual de 5 mil 200 pesos cuando se estrelló. El joven recibió contusiones en la cabeza, cara, brazo, tórax.</p>
<p>Romana Padilla y su hija María del Carmen fueron identificadas por su esposo. El señor Salvador Guzmán fue identificado por su cuñado. Manuel Rocha era profesor de la Universidad Iberoamericana y fue identificado por su mama. La más pequeña de los fallecidos tenía dos años. La lista es larga y dolorosa. Según los informes, cada familiar recibió 100 mil pesos que fue entregado en cheque y personalmente por Daniel Leyva, de la Gerencia Jurídica del metro.</p>
<p>Sólo unas semanas después del accidente la policía de espionaje se infiltró en el Metro. Particularmente en la estación Hidalgo para hacer una especie de ‘ocus group sobre el accidente. “Los usuarios indicaron que a raíz del accidente sufrido en la Estación Viaducto del Metro, sienten temor de abordar este servicio, pero obligados por las circunstancias que atribuyen la falta de transporte se ven en la necesidad de seguir usándolo”. La historia del metro, un loop interminable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Paolo Sánchez Castañeda colaboró en la búsqueda de este archivo.</em></p>
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		<title>“¡Cayeron piedras hirviendo!” El volcán Chichonal oscureció a Chiapas por tres días</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dardo Neubauer]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 May 2025 00:13:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desclasificados]]></category>
		<category><![CDATA[El Archivero]]></category>
		<category><![CDATA[archivero]]></category>
		<category><![CDATA[catástrofe]]></category>
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		<category><![CDATA[Expedientes]]></category>
		<category><![CDATA[volcán]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; Isidro Montejo y sus tres hermanos jugaban afuera de la pequeña casa de lámina, en el poblado de Platanar Arriba, en Pichucalco, en las faldas del volcán Chichonal, Chiapas. Eran casi las 23:30 horas del 28 de marzo de 1982. El calor era tan asfixiante que, a pesar de la noche, los niños Montejo entraban y salían del río Platanar, que nacía muy cerca del volcán y pasaba por su casita. Isidro cumplía recién los 10 años y había llegado a vivir ahí cuando su padre, don Dionisio, comenzó a trabajar para Landa y Rubio, una empresa de construcción [&#8230;]</p>
La entrada <a href="https://archiveroexpedientes.com/cayeron-piedras-hirviendo-el-volcan-chichonal-oscurecio-a-chiapas-por-tres-dias/">“¡Cayeron piedras hirviendo!” El volcán Chichonal oscureció a Chiapas por tres días</a> se publicó primero en <a href="https://archiveroexpedientes.com">Archivero</a>.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Isidro Montejo y sus tres hermanos jugaban afuera de la pequeña casa de lámina, en el poblado de Platanar Arriba, en Pichucalco, en las faldas del volcán Chichonal, Chiapas. Eran casi las 23:30 horas del 28 de marzo de 1982.</p>
<p>El calor era tan asfixiante que, a pesar de la noche, los niños Montejo entraban y salían del río Platanar, que nacía muy cerca del volcán y pasaba por su casita. Isidro cumplía recién los 10 años y había llegado a vivir ahí cuando su padre, don Dionisio, comenzó a trabajar para Landa y Rubio, una empresa de construcción que extraía piedras y materiales de la zona en Chiapas.</p>
<div id="attachment_3370" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/volcan-erupciones-explosivas-mil-anos.webp" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3370" class="size-full wp-image-3370" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/volcan-erupciones-explosivas-mil-anos.webp" alt="" width="618" height="417" /></a><p id="caption-attachment-3370" class="wp-caption-text">El volcán ha tenido erupciones explosivas en los últimos 8 mil años| Especial</p></div>
<p>De pronto se escuchó un estruendo parecido al sonido que hacían las turbinas de un avión. Uno de sus hermanos mayores gritó: “¡viene de allá!”. El rugido venía del Chichonal, una formación que para los niños siempre había sido un gran cerrote, a nadie ahí le parecía que un volcán a sólo 23 kilómetros fuera una amenaza. Mientras escuchaban el sonido furioso de la explosión, empezaron a sentir un temblor en la tierra que los zangoloteó.</p>
<p>“No tengan miedo, no tengan miedo”, les dijo don Dionisio, mientras intentaba meterlos a la casita de lámina. Pero los niños miraban el volcán, que empezaba a darles un espectáculo que les parecía de fuegos artificiales.</p>
<blockquote><p>“¿Tú has visto cuando una casa se está incendiando y de pronto empieza agarrar más poder el fuego? Pues así era, volteabas a ver arriba, el cielo, para el volcán, y veías puras chispas, pero purititas chispas y bolas de fuego que parecía que golpeaban el cielo”, me dice Isidro 42 años después. Ese día se podía ver la luna, la noche estaba clarita, así que cuando llegaron las bolas de fuego sintieron que el cielo se volvió negro.</p>
<p>“[Hubo] muchas nubes negras intensas y todo se empezó a oscurecer mientras más relámpagos salían de la boca del volcán”.</p></blockquote>
<p>Aquel domingo 28 de marzo cerca de las 23:30 horas, se registró un sismo de 3.5 grados en Chiapas, a la que le siguió la erupción del volcán Chichón o Chichonal, como lo llaman popularmente, la más catastrófica en la historia de México. Esa noche arrojó ceniza, rocas y gases que alcanzaron una altura de hasta 17 kilómetros al cielo.</p>
<p>Isidro dice que esa noche en Platanal Arriba, la pequeña localidad selvática en la que vivían, cayeron piedras volcánicas enormes y fue ahí cuando corrieron a refugiarse en su casa de lámina. “¡No se muevan!”, les gritó su padre.</p>
<div id="attachment_3366" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/erupcion-ocurrida-considerada-importantes-siglo.webp" data-rel="lightbox-image-1" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3366" class="size-full wp-image-3366" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/erupcion-ocurrida-considerada-importantes-siglo.webp" alt="" width="618" height="447" /></a><p id="caption-attachment-3366" class="wp-caption-text">La erupción ocurrida en 1982 es considerada una de las más importantes del siglo XX | Especial</p></div>
<p>Los niños Montejo y sus papás intentaron esconderse debajo de la mesa y la cama, por si las piedras traspasaban su casita. “¡Se escuchaba horrible, y sí cayeron piedras hirviendo, calientes!”. Recuerda que al día siguiente no amaneció, en Chiapas todo fue oscuridad. Cayó tanta ceniza que no se pudieron mover de ahí durante dos días y sobrevivieron con lo poco que tenían.</p>
<p>Esta es una colaboración de ARCHIVERO para DOMINGA, que reconstruye este caso gracias a la desclasificación de expedientes olvidados entre cajones y viejas oficinas públicas. Casos como éste revelan que en México la verdad oficial siempre está en obra negra.</p>
<p><strong>Se temía dos mil personas desaparecidas por el volcán Chichonal</strong></p>
<p>Un expediente en el Archivo General de la Nación revela que los agentes de la Secretaría de Gobernación ni siquiera conocían con exactitud dónde estaba el volcán Chichonal y cuáles eran las comunidades que lo rodeaba.</p>
<p>Los nombres mal escritos en sus reportes y las direcciones erróneas revelan que en la capital del país casi nada se sabía de quienes habitaban Pichucalco, Ocotepec, Chapultenango, Pantepec, Tapalapa, Copainalá, Coapilla, Tecpatán, Ixhuatán, Ostuacán, Tapilula, Rayón e incluso de la cabecera municipal, Francisco León.</p>
<p>Esta zona es hogar del pueblo indígena zoque, “los hombres de lodo”, según un vocablo náhuatl, un grupo étnico muy maltratado y que según historiadores durante la Colonia fueron obligándolos al trabajo forzado y a rendir tributos excesivos.</p>
<p>Los reportes dejan evidencia cronológica de cómo ocurrió la mayor erupción volcánica en la historia de nuestro país y cómo las autoridades no supieron cómo responder durante los primeros días a la comunidad. En sus relatos la Secretaría de Gobernación y la Dirección Federal de Seguridad (DFS) revelan que el 28 de marzo a las 23:30 empezaron a caer las primeras cenizas del volcán y que sólo quince minutos después vendría lo peor.</p>
<div id="attachment_3365" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/coloso-ubica-km-tuxtla-gutierrez.webp" data-rel="lightbox-image-2" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3365" class="size-full wp-image-3365" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/coloso-ubica-km-tuxtla-gutierrez.webp" alt="" width="618" height="411" /></a><p id="caption-attachment-3365" class="wp-caption-text">El coloso se ubica a unos 68 km de Tuxtla Gutiérrez, la capital de Chiapas</p></div>
<p>El Chichón comenzó a lanzar piedras incandescentes y se intensificaron las explosiones al interior del cráter. “Lanzó una especie de arena que llegó hasta los municipios de Francisco León y Pichucalco”, donde vivían Isidro y sus tres hermanos.</p>
<p>Las cenizas y la arena continuaron extendiéndose por toda la zona y a la una de la mañana llegó hasta el estado de Tabasco. Un día después reportaban: “A las ocho de la mañana de hoy no ha podido establecerse comunicación directa con esos lugares”, reconocía la Secretaría de Gobernación en un informe enviado a la presidencia de México.</p>
<p>El 29 de marzo a las 10:00 de la mañana finalmente se enteraron por autoridades locales de la magnitud de la tragedia: la cabecera municipal, Francisco León así como los ejidos aledaños Nicapa (hoy Viejo Nicapa) y Matamoros, habían desaparecido por completo, quedando sepultados bajo ceniza volcánica. En el expediente ha quedado registro que para ese día había al menos dos mil familias desaparecidas. Estaban seguros que habían quedado atrapadas en sus domicilios bajo las piedras del volcán, que probablemente habían muerto intentando salvar a su ganado.</p>
<p>Lo más desesperante era que la ayuda no podía llegar, porque un día después el Chichonal seguía lanzando piedras incandescentes. Nadie podía ayudar a los pueblos del volcán. Mientras tanto el país comenzaba a enterarse de la tragedia por la televisión.</p>
<div id="attachment_3364" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/abundantes-cantidades-ceniza-afectaron-chiapas.webp" data-rel="lightbox-image-3" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3364" class="size-full wp-image-3364" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/abundantes-cantidades-ceniza-afectaron-chiapas.webp" alt="" width="618" height="403" /></a><p id="caption-attachment-3364" class="wp-caption-text">Las abundantes cantidades de ceniza afectaron a Chiapas, Tabasco, Oaxaca y en menor grado a Veracruz y Campeche | Gobierno de México</p></div>
<p><strong>El volcán Chichonal desplazó a miles de habitantes a albergues de Tabasco</strong></p>
<p>El día 30 de marzo finalmente la Secretaría de Gobernación reportó que había podido acceder a algunos municipios donde se encontraron con indígenas zoques y la imagen era devastadora: llenos de ceniza se los encontraban llorando por los caminos, desesperados porque habían perdido sus cultivos, cafetales, platanales, árboles frutales y a sus animalitos.</p>
<p>Habían quedado sepultados debajo de 50 centímetros de ceniza arenosa, que contaminó los ríos, los aguajes, bebederos y pozos “por lo cual no cuentan con agua potable”, reportaban. Los agentes escribieron que incluso los animalitos habían muerto por las sustancias tóxicas que cayeron sobre el agua y que bebieron.</p>
<p>Según Gobernación en uno de los primeros recorridos que realizaron por el municipio de Chapultenango, a siete kilómetros del Chichonal, encontraron a dos señoras muertas que no traían ninguna identificación, a 14 personas heridas con quemaduras, y otras 65 personas con quemaduras leves.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;">“En Tectuapan [a 10 kilómetros del volcán] sufrieron saqueos por parte de vivales que hicieron correr la voz de alarma de que se suscitará otra erupción, los habitantes del lugar salieron precipitadamente de sus casas lo que fue aprovechado por los vivales para saquear sus pertenencias”, decían los informes.</p>
</blockquote>
<p>Cinco días después, el 2 de abril fueron evacuadas por el ejército al menos dos mil personas, trasladadas a albergues ubicados en Villahermosa, Tabasco. Los reportes de las autoridades insisten en la oscuridad que cubrió la región por esos días. “La nube de polvo volcánico ha oscurecido el cielo y ha venido a provocar temor entre sus habitantes”, decían. Ese mismo día reportaron que la nube había alcanzado la zona fronteriza con Guatemala, afectando poblaciones aledañas.</p>
<p>El sábado 3 de abril se registraron casi 30 temblores por hora durante la mañana, lo que anticipó la llegada de una nueva erupción. El volcán estalló violentamente a las 19:35 de la noche y la actividad duró unos 30 minutos. El 5 de abril, el Chichonal estalló por tercera vez y duró unos 45 minutos. También se oscureció el cielo.</p>
<div id="attachment_3367" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/estragos-ocasionados-volcan-chichon-foto.webp" data-rel="lightbox-image-4" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3367" class="size-full wp-image-3367" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/estragos-ocasionados-volcan-chichon-foto.webp" alt="" width="618" height="403" /></a><p id="caption-attachment-3367" class="wp-caption-text"><br />Estragos ocasionados por el volcán Chichón en 1982 | Foto: Cenapred</p></div>
<p><strong>El Chichonal cubrió de cenizas a miles de plantíos de café, cacao, plátano y frijol</strong></p>
<p>De acuerdo a los expedientes de la DFS en todos los municipios afectados, las casitas eran muy rústicas y en un 90% estaban techadas con lámina de zinc y cartón. Por eso los daños fueron totales: los techos fueron perforados por las piedras incandescentes.</p>
<p>Según los policías, los vulcanólogos de la UNAM que llegaron a la zona les habían informado que durante las erupciones se habían lanzado 200 mil toneladas de ceniza volcánica, que corrió 150 kilómetros a la redonda. Después el viento hizo de las suyas y envió la ceniza a lo largo de 250 kilómetros, abarcando Veracruz, Oaxaca, Campeche y Tabasco. Se perdieron miles de plantíos de café, cacao, plátano, frijol, maíz y pastizales, que quedaron cubiertos por una capa de hasta 50 centímetros de ceniza volcánica.</p>
<p>Isidro Montejo, un señor platicador que emigró hace unos años a Estados Unidos y sobrevivió a la erupción del volcán a pesar de la cercanía, me cuenta que lo que vio en esos días fue devastador y en él cómo niño se quedaron los recuerdos de los animalitos.</p>
<blockquote><p>“Hubo muchísima muerte de ganado porque el pasto quedó cubierto. El ganado se moría de hambre, los animales no tenían cómo sobrevivir por toda esa ceniza alrededor del volcán. Mucha gente murió porque no quiso abandonar su ganado ni a sus animalitos”.</p></blockquote>
<div id="attachment_3368" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/lago-crater-interno-alimentado-sistema.webp" data-rel="lightbox-image-5" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3368" class="size-full wp-image-3368" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/lago-crater-interno-alimentado-sistema.webp" alt="" width="618" height="927" /></a><p id="caption-attachment-3368" class="wp-caption-text">Tiene un lago dentro del cráter interno, alimentado por un sistema hidrotermal activo | Especial</p></div>
<p>Dice que intentaron regresar a la casita de lámina, pero en la zona todo era devastación y los ríos habían quedado contaminados, así que unas semanas después regresaron por sus cosas y se fueron para siempre.</p>
<p>Laureano Reyes Gómez en su libro Los zoques del volcán, editado por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, cuenta que años antes, desde diciembre de 1980 y enero de 1981 se escuchaban fuertes ruidos y pequeños temblores que fueron reportados por los campesinos. Las autoridades estatales conocían los informes de los vulcanólogos y contaban con evidencias suficientes de una erupción inminente, sin embargo hicieron caso omiso y no tomaron ninguna medida de emergencia. El saldo final de las erupciones fueron 20 mil damnificados y 2 mil personas muertas. Tiempos en los que todavía no se usaba el término de “desplazados climáticos”.</p>
<p>En Los zoques del volcán también se cuenta que en la comunidad indígena muchas personas dijeron haber soñado la erupción del Chichonal dos años antes, aunque en sus sueños no se profetizaba la fecha. En el sueño era San Agustín, el santo patrono del pueblo, el que los cobijaba con una gigantesca sombrilla evitando que su gente sufriera daños ante la lluvia de sangre y “víboras de fuego” que arrojaba el volcán enfurecido.</p>
<blockquote><p>“De suerte tal, que el día en que se hizo realidad la fase eruptiva, la mayoría de los habitantes se sentía protegido, por lo que no abandonarían el lugar, pues estaban seguros de que San Agustín cuidaría de ellos…”.</p></blockquote>
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		<title>Los sótanos del horror: la policía del ‘Negro’ Durazo torturó también a mujeres trans</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dardo Neubauer]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 May 2025 17:50:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desclasificados]]></category>
		<category><![CDATA[El Archivero]]></category>
		<category><![CDATA[archivero]]></category>
		<category><![CDATA[Archivos]]></category>
		<category><![CDATA[DFS]]></category>
		<category><![CDATA[Expedientes]]></category>
		<category><![CDATA[guerra sucia]]></category>
		<category><![CDATA[Mexico]]></category>
		<category><![CDATA[represión]]></category>
		<category><![CDATA[Tlaxcoaque]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; Laura Sánchez Ley, Lucero San Vicente y Donají Valencia “¡Mira Denisse, por aquí me metían!”, dice al señalar la entrada a un estacionamiento subterráneo. A Verónica, una mujer trans de 61 años, se le ponen los ojos llorosos. Denisse asienta con la cabeza, quiere hablar pero se le corta la voz. En unos minutos lo harán, ahora sólo caminan y procesan que están justo en el lugar donde fueron víctimas de abuso y tortura hace más de 40 años. Es muy temprano en el Centro Histórico de la Ciudad de México, aun así rivaliza el claxon de los coches [&#8230;]</p>
La entrada <a href="https://archiveroexpedientes.com/los-sotanos-del-horror-la-policia-del-negro-durazo-torturo-tambien-a-mujeres-trans/">Los sótanos del horror: la policía del ‘Negro’ Durazo torturó también a mujeres trans</a> se publicó primero en <a href="https://archiveroexpedientes.com">Archivero</a>.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><span class="author" data-mrf-recirculation="Nota Autor">Laura Sánchez Ley, Lucero San Vicente y Donají Valencia</span></p>
<p>“¡Mira Denisse, por aquí me metían!”, dice al señalar la entrada a un estacionamiento subterráneo. A Verónica, una mujer trans de 61 años, se le ponen los ojos llorosos. Denisse asienta con la cabeza, quiere hablar pero se le corta la voz. En unos minutos lo harán, ahora sólo caminan y procesan que están justo en el lugar donde fueron víctimas de abuso y tortura hace más de 40 años.</p>
<p>Es muy temprano en el Centro Histórico de la Ciudad de México, aun así rivaliza el claxon de los coches con los gritos de policías que intentan desalojar a personas sin hogar que viven en esta plaza. Un espacio amplísimo en forma de triángulo, que se adorna con una capilla del siglo XVII y un monumento enviado por el gobierno de Azerbaiyán. Hay una rampa que da al estacionamiento y unas escaleras que te llevan a mirar de frente la cúpula.</p>
<div id="attachment_3354" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/ariel-ojeda-3.webp" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3354" class="size-full wp-image-3354" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/ariel-ojeda-3.webp" alt="" width="618" height="375" /></a><p id="caption-attachment-3354" class="wp-caption-text">Los sótanos de Tlaxcoaque fueron utilizados en las décadas de los setenta y ochenta como centro de tortura, a lo largo del periodo de la &#8216;Guerra Sucia&#8217; | Ariel Ojeda</p></div>
<p>En las escalinatas está Adalberto, tiene 45 años aunque parece mucho mayor. Hace media década, cuando su padre murió, sus hermanastros lo despojaron de la casa familiar, así que desde entonces monta y desmonta una casuchita de cartón. Se acaba de levantar y se tiende al lado de unas bolsas con latas que llevará a reciclar. Las bolsas de yute cubren una placa que dice “Plaza Tlaxcoaque”.</p>
<p>Adalberto dice que desde la entrada del sótano alguien le lanza gritos. Casi todos los días un jovencito en forma de sombra le dice “¡sácame de aquí!”. “Yo le digo que descanse, pero me doy cuenta que no puede escucharme”.</p>
<p>No es el único: el agente de la policía que cuida el estacionamiento dice que, en efecto, debajo hay unos sótanos. El agente hace guardia desde la entrada y no se mueve más allá. “Se siente, bien sabe cómo, feo…”.</p>
<p>Ahora vive gente en situación de calle y evita adentrarse a los sótanos que están en el estacionamiento subterráneo, un área que fue resguardada por la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México desde 2022.</p>
<div id="attachment_3353" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/ariel-ojeda-2.webp" data-rel="lightbox-image-1" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3353" class="size-full wp-image-3353" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/ariel-ojeda-2.webp" alt="" width="618" height="966" /></a><p id="caption-attachment-3353" class="wp-caption-text">Denisse dirige hoy dos asociaciones, RespeTrans, para dignificar a las mujeres trans, y Reparación Sobrevivientes Adultas Mayores Trans | Ariel Ojeda</p></div>
<p>Durante 40 años aquí estuvo la Dirección General de Policía y Tránsito. Un edificio enorme, un cubo perfecto donde también alojó a la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), una corporación secreta de la policía, que detuvo, torturó y desapareció a “guerrilleros”, disidentes políticos, transexuales, falsos narcotraficantes y casi cualquiera que se les cruzara. El edificio tuvo que ser demolido a raíz del terremoto de 1985, quedando apenas los sótanos.</p>
<p>La Plaza Tlaxcoaque está a sólo unas cuadras del Zócalo, donde diario transitan miles de personas que trabajan, pasean, asisten a eventos masivos, mítines y protestas. Hoy la gente que camina por las calles que rodean la plaza, Chimalpopoca o la Avenida 20 de Noviembre, desconocen que si se agachan un poco y abren unas rejillas de metal que están al pie de la banqueta, aún podrían mirar los sótanos donde los policías torturaron y se popularizó el infame «tehuacanazo», cuando los torturadores agitaban una botella de agua con gas y la introducían por la nariz a la víctima.</p>
<p>Es martes, es marzo y desde la escalinata Adalberto ha visto llegar a Denisse y a Verónica. Las mira con curiosidad desde lo alto, a esa hora de la mañana casi siempre están las mismas personas sin hogar habitando la plaza. Ellas caminan entre los vestigios de lo que algún día fue un centro de tortura de la policía mexicana.</p>
<p>Esta es una colaboración de ARCHIVERO para DOMINGA que reconstruye el caso gracias a la desclasificación de expedientes olvidados entre cajones y viejas oficinas públicas. Historias como ésta revelan que en México la verdad oficial está en obra negra.</p>
<p><strong>Las detenciones de la corporación secreta de la policía</strong></p>
<div id="attachment_3351" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/ariel-ojeda.webp" data-rel="lightbox-image-2" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3351" class="size-full wp-image-3351" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/ariel-ojeda.webp" alt="" width="618" height="440" /></a><p id="caption-attachment-3351" class="wp-caption-text">El Estado cometió crímenes en contra de las mujeres trans durante los años de la &#8216;Guerra Sucia&#8217;. «Por faltas a la moral», la autoridad acusaba | Ariel Ojeda</p></div>
<p>Denisse y Verónica están impecables, da envidia el maquillaje de salón. Se dirigen siempre con cariño, nos llaman muñequitas, hermosas. Un contraste con lo que van a contar.</p>
<p>Verónica López camina con un bastón que ahora se ha convertido en una extensión de su cuerpo. “Esto me quedó así por las torturas”, dice. Aún no se llamaba Verónica cuando llegó al Distrito Federal, tenía 12 años. Dice que desde niña vivió muchos problemas en su casa y eso la hizo tomar la decisión de escapar a la calle. Así, llegó a un orfanato en la colonia Tacuba, donde conoció a Chichipé, una mujer trans indígena, originaria de Oaxaca.</p>
<p>Un día, Chichipé y ella se escaparon del orfanato y el primer lugar al que llegaron fue al Cine Las Américas, en la colonia Roma.</p>
<blockquote><p>“Me acuerdo que estaba la película Nora, la rebelde, con Olga Breeskin y afuera había muchas ‘vestidas’, así nos decían”.</p></blockquote>
<p>Una de ellas era Graciela, quien se le acercó y, al saber que vivía en la calle, la llevó a su casa en Nezahualcóyotl. Ahí eligió llamarse Verónica y comenzó a tomar hormonas.</p>
<p>Graciela y sus amigas se arreglaban para salir a las calles, a trabajar, así conoció la cruda dinámica que vivían las trabajadoras sexuales. Sí, llegaban con dinero, pero también regresaban desnudas y golpeadas.</p>
<p>Verónica empezó a trabajar cerca del Parque México como las demás, hasta que una madrugada de 1979 llegó ‘La Julia’, como le decían a la camioneta de la policía, y se las llevaron a punta de macanazos. Recuerda que la primera vez que llegó a los sótanos de Tlaxcoaque tenía 15 años y coincidió con la visita del papa Juan Pablo II, el 26 de enero.</p>
<blockquote><p>“Fue cuando vino el Papa, […] estuvimos ahí más o menos unos 15 días, es que ahí no sabíamos cuándo era de noche y cuándo era de día”.</p></blockquote>
<p>La metieron por el estacionamiento, donde había una puerta chiquita a lado una ventana; de frente, un mostrador de concreto donde estaba un viejito pelón de lentes que registraba a las detenidas. Al fondo, un escritorio desde donde le gritaron:</p>
<blockquote><p>“¡Órale, encuérate!”.</p></blockquote>
<p>Bajando las escaleras había un pasillo largo donde se sentía frío y un olor a clorina. Ese maldito olor a cloro, que hoy le es imposible de tolerar. Su celda estaba al fondo, era la quinta, donde habían recluido a puras trabajadoras sexuales. Recuerda que no todas cabían en las literas, a unas les tocaba quedarse paradas y la gran mayoría en el piso.</p>
<div id="attachment_3357" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/especial-3.webp" data-rel="lightbox-image-3" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3357" class="size-full wp-image-3357" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/especial-3.webp" alt="" width="618" height="412" /></a><p id="caption-attachment-3357" class="wp-caption-text">En lo que alguna vez fue la Dirección General de Policía y Tránsito del DF se cometieron graves violaciones a los derechos humanos. Hoy es una plaza para la memoria histórica | Especial</p></div>
<p>Después de pasar toda la noche en las frías y húmedas celdas, por la mañana llegaban y les pegaban con un palo a los barrotes. “¡Vapor, vapor!”, gritaban para que se despertaran. Las chicas trans eran las primeras que obligaban a bañar a punta de madrazos. Verónica recuerda que había tres tambos, uno con agua y jabón de polvo; otro para enjuagarse, y otro más donde torturaban a los reos.</p>
<p>Cuando ella fue detenida en los sótanos de la DIPD, su titular era Francisco Sahagún Baca, y el Director de la Policía y Tránsito era Arturo El Negro Durazo. Dice que cuando llegaba Sahagún Baca –por cierto primo de Marta Sahagún, la exprimera dama de México– los custodios de las celdas tocaban un silbato. Y cuando entraba a los sótanos, todos permanecían en silencio.</p>
<blockquote><p>“Era un viejo güero, pelón, de lentes a media nariz y con una mirada penetrante”, recuerda Verónica.</p></blockquote>
<p>Al dirigirse hacia la celda donde se encontraban, daba la orden para que las raparan igual que a los ladrones comunes, para identificarlos una vez que estuvieran en la calle.</p>
<p><strong>Las torturas que sufrió Verónica en los sótanos de Tlaxcoaque</strong></p>
<p>Verónica vivió torturas atroces en los sótanos de Tlaxcoaque: mientras lavaba las charolas, escuchaba cómo torturaban a otros reos en los tambos. Dice que primero los colocaban en una tabla donde eran vendados como momias para inmovilizarlos, luego los sumergían en agua donde metían los cables de una batería de carro que les lanzaba toques eléctricos y las víctimas gritaban horrible a causa del dolor.</p>
<div id="attachment_3358" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/veronica-mujer-trans-detenida-torturada.webp" data-rel="lightbox-image-4" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3358" class="size-full wp-image-3358" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/veronica-mujer-trans-detenida-torturada.webp" alt="" width="618" height="850" /></a><p id="caption-attachment-3358" class="wp-caption-text"><br />Verónica era una mujer trans que fue detenida y torturada en los sótanos de Tlaxcoaque en los ochenta | Cortesía/Archivero</p></div>
<p>“¿Por qué volteas?”, le preguntaban los agentes si intentaba ver a los torturados mientras la ponían a lavar las charolas. A causa de los golpes en la cabeza por intentar voltear, hoy Verónica sólo escucha gracias a un aparato auditivo.</p>
<p>Pero las torturas no sólo ocurrieron en Tlaxcoaque, había noches en que las subían a las patrullas y las trasladaban a calles aledañas al Paseo de la Reforma, donde prácticamente las usaban como carne de cañón.</p>
<blockquote><p>“Estábamos ahí sobre los ríos, nos parábamos en Río Sena y nos vigilaban desde una esquina, nos obligaban a llevar a los clientes a unos estacionamientos [&#8230;.] y los clientes se espantaban, ahí los agentes les quitaban su dinero y luego ellos pensaban que nosotras estábamos coludidas con la policía, pero nos obligaban”.</p></blockquote>
<p>Verónica recuerda a otra de las chicas, su amiga Lorena. Cuando habla de ella hace largas pausas, luego se suelta a llorar: dice que en una de las veces que fueron ingresadas a los sótanos, después de bañarlas a cubetazos de agua congelada se enfermó:</p>
<p>“Me siento mal, mana, ayúdame”, le dijo su amiga. Los agentes decidieron sacarla de ahí. Verónica pensaba que la sacarían para curarla o que podría ir al médico al salir, sin embargo, narra: “Cuando yo salí, busqué a Lorena, pero ya no la volví a ver, ya no supe nada de ella…”. Desde entonces, Lorena está desaparecida y la pregunta ‘¿dónde está?’ es recurrente y dolorosa para Verónica.</p>
<div id="attachment_3352" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/ariel-ojeda-1.webp" data-rel="lightbox-image-5" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3352" class="size-full wp-image-3352" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/ariel-ojeda-1.webp" alt="" width="618" height="865" /></a><p id="caption-attachment-3352" class="wp-caption-text">El abuso que sufrió Verónica por parte del Estado, en los sótanos de Tlaxcoaque, dejó marcas en su salud física | Ariel Ojeda</p>
<p></p></div>
<p><strong>Angeles de la policía se la llevaron sólo por caminar</strong></p>
<p>El celular de Denisse Valverde no deja de sonar. Ha dejado a sus 40 perritos en casa, que ha ido rescatando por la ciudad y al mismo tiempo dirige dos asociaciones, RespeTrans, para dignificar a las mujeres trans, y Reparación Sobrevivientes Adultas Mayores Trans, en donde se acercan personas trans que fueron torturadas en aquellos sótanos. Buscan una reparación histórica.</p>
<p>Denisse recuerda que a los 15 años le gustaba caminar con su madre por las calles del Centro Histórico. Recuerda que cuando veía un vestido bonito en la vidriera, su mamá se lo regalaba pero le advertía que debían ocultárselo a su padre.</p>
<blockquote><p>“No te lo pongas cuando esté tu papá”, le decía temerosa.</p></blockquote>
<p>Fue un día de 1977 cuando salió de su casa con uno de esos vestidos coloridos. Por ese entonces vivía con su familia cerca de la Avenida Fray Servando Teresa de Mier, en el suroriente de la ciudad. Había salido al Mercado San Lucas, que estaba a unas cuadras. “Yo muy bonita”, se recuerda con nostalgia y un dejo de tristeza.</p>
<p>Llevaba las bolsas de mandado en la mano cuando un hombre frenó a su lado y le gritó: “¡Súbete!” A la joven Denisse se le vinieron a la mente las revistas de nota roja como Alarma!, que exhibían a otras “vestidas” en primera plana. “¿Y ahora qué? ¿Me van a golpear?”, pensó. Cuando finalmente pudo hablar, preguntó por qué la detenían. “Por faltas a la moral”, respondieron. A punta de golpes y una letanía de groserías la subieron a un automóvil que no tenía ninguna insignia oficial de la policía.</p>
<p>Manejaron unos dos kilómetros hasta que llegaron a un edificio de cristal muy cerca del Centro Histórico. Después sabría que al lugar adonde la llevaron era la Plaza Tlaxcoaque y que ahí estaban las oficinas de la DIPD.</p>
<div id="attachment_3356" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/especial-1.webp" data-rel="lightbox-image-6" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3356" class="size-full wp-image-3356" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/especial-1.webp" alt="" width="618" height="413" /></a><p id="caption-attachment-3356" class="wp-caption-text">Los pasillos de la DIPD fueron testigos de la tortura: desde los «tehuacanazos» hasta los toques eléctricos y &#8216;baños de vapor&#8217; | Especial</p></div>
<p>Quien la detuvo fue El Gato, un hombre medio panzón y con ojos verdes, un mandadero de Sahagún Baca. Denisse cree que era uno de esos agentes a los que les llamaban “madrina”, que vestían de civiles y operaban en la clandestinidad para la DIPD. El Gato y otro más la llevaron al estacionamiento.</p>
<p>Las primeras torturas empezaron con insultos y cachetadas, pero el verdadero terror vino cuando le dijeron que le dirían a sus padres que “andaba vestido de mujer”. Y le advirtieron: “de aquí no vas a salir”, amenazando con meterla a los sótanos. Después le preguntaron cuánto dinero traía, pero cuando se dieron cuenta de que sólo era una chamaca, le preguntaron cuánto pagaría su familia por ella.</p>
<p>Después de la golpiza la volvieron a meter al carro y la llevaron a su casa. El Gato la llevó hasta la puerta donde estaba su mamá: “tu hijo estaba vestido…”, le dijo el hombre con voz aguardentosa. Aquel día su madre les entregó el dinero que tenían guardado para el gas. Cuando se fueron, Denisse se echó a llorar. Su madre la abrazó e intentó consolarla. Pero nada le quitó el miedo de saber que “ese pinche viejo” ya sabía donde vivía. El Gato, más tarde se vengaría.</p>
<p>Denisse ha olvidado la fecha exacta, pero la segunda vez que la detuvo, otra vez sólo por el hecho de existir como mujer trans, la llevó primero al estacionamiento y después “de entrada por salida” a los sótanos de Tlaxcoaque. Esa vez, entre cuatro hombres la golpearon y la violaron. No da detalles pero cuenta que fue en el estacionamiento. De aquel día lo que más tiene presente es la impotencia: “no poder gritar, no poder decir nada y de repente ‘ya, chingue a su madre’ y te ibas golpeada, robada y todo”.</p>
<div id="attachment_3355" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/denisse-veronica-denuncian-desaparicion-companeras.webp" data-rel="lightbox-image-7" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3355" class="size-full wp-image-3355" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/denisse-veronica-denuncian-desaparicion-companeras.webp" alt="" width="618" height="414" /></a><p id="caption-attachment-3355" class="wp-caption-text">El Estado mantuvo encubiertos los sótanos de Tlaxcoaque por décadas, hoy los resguarda la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México | Ariel Ojeda</p></div>
<p>Durante su segunda detención conoció a Francisco Sahagún Baca. Recuerda que era muy mal hablado y lo escuchó regañar a los agentes: “¡Ya les dije cabrones, que no quiero menores de edad aquí en la cárcel!”, dijo el jefe de la DIPD, los niños los metían en problemas aunque, para los agentes, eran una fuente de dinero seguro.</p>
<p>De “tiro por viaje” patrulleros detenían a las mujeres trans. “La verdad no valiamos nada en ese entonces [&#8230;] si decías algo, te iba peor, hubo compañeras que denunciaron y desaparecieron”, recuerda Denisse.</p>
<p>“¡Enferma sexual!”, “Bailarina, torturada, violada y ahorcada”, “Más mujercitos, festines secretos de invertidos”, “¡Venden barato su amor los ‘mujercitos’!”, eran algunos de los titulares que se leían por las calles de la ciudad durante esos años. “Aunque las compañeras desaparecidas en Tlaxcoaque nunca salieron en las noticias”, dice con tristeza.</p>
<p>A diferencia de Verónica, Denisse así como entraba salía de este lugar, a ella la pusieron en una ocasión en una celda con “los chavos”; había rateros, comerciantes ambulantes, e indígenas que sólo por ser indígenas estaban adentro. “Ellos gozaban pegándonos y torturándonos psicológica y físicamente y nosotras en nuestra ignorancia no podíamos defendernos, hasta después cuando descubrimos que había derechos humanos”.</p>
<p>Hoy Denisse acompaña y escucha a las compañeras que estuvieron en los sótanos de Tlaxcoaque e intenta tejer el camino de la justicia. El abrazo de consuelo, ayuda y complicidad que su mamá le brindó en esos años, se los da ahora a sus compañeras.</p>
<p><strong>Una plaza de la memoria que está en el abandono</strong></p>
<p>En octubre de 2021 para conmemorar los 53 años de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de 1968, se anunció el proyecto “Tlaxcoaque: Sitio de Memoria”, por parte del gobierno de la Ciudad de México. Claudia Sheinbaum estuvo a cargo de la inauguración, era entonces Jefa de Gobierno de la ciudad. Ese día se colocaron algunas fotografías a blanco y negro en la escalinata de la plaza con soldados y jóvenes detenidos, recordando las detenciones arbitrarias que sufrieron en ese lugar. Sin embargo, las casitas de cartón improvisadas, como la del señor Adalberto, tapan las fotografías.</p>
<div id="attachment_3359" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/victimas-epoca-recibieron-justicia-exigen.webp" data-rel="lightbox-image-8" data-rl_title="" data-rl_caption="" title=""><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3359" class="size-full wp-image-3359" src="https://archiveroexpedientes.com/wp-content/uploads/2025/05/victimas-epoca-recibieron-justicia-exigen.webp" alt="" width="618" height="410" /></a><p id="caption-attachment-3359" class="wp-caption-text">Las víctimas de la época, como Denisse y Verónica, no recibieron justicia. Hoy en día exigen una reparación histórica | Ariel Ojeda</p></div>
<p>Un año después, el 19 de agosto de 2022, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México inició la carpeta de investigación sobre las torturas cometidas en el inmueble de la Dirección General de Policía y Tránsito del Distrito Federal. Desde entonces el Ministerio Público emprendió la búsqueda de posibles indicios. Prohibió la entrada a los sótanos que hoy resguardan policías, los mismos que no se quieren ni acercar. Sin embargo, desde las banquetas, es posible ver su estado: se están pudriendo, la humedad se siente y las losetas se han empezado a desprender de las paredes. Tlaxcoaque se deshace.</p>
<p>Denisse busca a través de la asociación que dirige, una reparación histórica para mujeres adultas mayores trans que sufrieron la violencia de Estado durante los años setenta y ochenta (y algunas posteriormente); así luchan, desde hace tres años, por una pensión vitalicia para las que son sobrevivientes de estas violaciones, y es que muchas de las mujeres trans torturadas aún viven con los estragos en el cuerpo. Verónica por ejemplo, perdió por completo un oído.</p>
<blockquote><p>“Ya todos los culpables están muertos”, dice Denisse. Verónica le contesta: “Yo creo que ya no van a reparar, todo ese daño, todas esas muertes, ya no». No hay manera.</p></blockquote>
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